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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 615

Las luces de la sala del tribunal se atenuaron. La pantalla del frente se encendió con un parpadeo. Un chasquido de estática resonó en las bocinas antes de que el audio se aclarara, nítido e inconfundible.

—¿Estás segura de que esto va a funcionar? —preguntó una voz de hombre, algo distorsionada.

Entonces todos reconocieron la voz.

—No es más que una niña —dijo Selena con calma—. Y es fácil moldear a los niños.

Eli se quedó rígida. Se le cerraron los puños sobre el regazo. Althea le tomó la mano enseguida.

—Eli... —susurró.

Pero Eli no respondió. No apartaba los ojos de la pantalla.

Althea no intentó detenerla. Hay verdades que hay que ver, no solo escuchar. Ese momento, por doloroso que fuera, importaba para Eli y para su futuro. Y por muy cruel que hubiera sido Selena, Althea y Daven estaban ahí, firmes e inquebrantables, para asegurarse de que Eli nunca volviera a enfrentar todo eso sola.

La grabación continuó.

—Puedo entrar en esa familia sin levantar sospechas con ella. Jamás rechazarían a una niña.

Un murmullo se extendió por la sala.

—Esto es... una locura.

—¿Lo planeó todo?

La voz de Selena volvió a escucharse.

—No sabe nada. Eso es lo que la hace perfecta.

Eli inhaló de golpe. Sintió una punzada de dolor.

—Yo... —Su voz apenas se oía—. ¿De verdad solo fui... una herramienta?

Althea le apretó la mano.

—No eres ninguna herramienta.

Pero esas palabras no calmaron la tormenta que llevaba dentro. En el banquillo de los acusados, Selena aún intentaba mantener la compostura, aunque la mandíbula empezaba a tensársele.

El fiscal se puso de pie.

—Esta grabación demuestra con claridad la intención de la acusada de explotar deliberadamente a una menor en beneficio propio.

El juez miró a Selena con dureza.

—¿Niega usted el contenido de esta grabación?

Selena alzó el mentón.

—Está sacado de contexto.

—Típico —dijo Chris con sarcasmo.

Cale no se movió; seguía mirando al frente.

—Se está poniendo nerviosa. Mírala... ya no está tan tranquila.

Chris rio. Ahora no apartaba la vista de Selena y vigilaba cada uno de sus gestos. El fiscal no le dio tiempo de recuperarse.

—Muy bien. Entonces veamos el resto de ese contexto.

La grabación se reanudó.

—Si descubren su verdadera identidad, todo se viene abajo —dijo de nuevo la voz del hombre.

Selena respondió sin titubear.

—Si lo descubren, es que fracasé. Y yo nunca fracaso.

La sala quedó en silencio. Ya no había forma de negar nada. Eli bajó la cabeza. Las lágrimas le resbalaron en silencio por las mejillas.

—De verdad no significaba nada para ella... —murmuró.

Althea se acercó más y la rodeó con el brazo.

—Para nosotros sí significas algo.

Eli apenas negó.

—Todo lo que dijo... es verdad —susurró—. Yo no sabía nada, y ella se aprovechó.

Daven, que había guardado silencio hasta ese momento, habló por fin en voz baja, pero firme.

—Y eso no es tu culpa.

Eli se quedó quieta. Durante unos segundos, no hizo más que mirarse las manos. Después, despacio, levantó la cabeza. Tenía los ojos rojos, pero había algo distinto en ellos. Ya no estaba perdida ni dudaba.

Había algo más firme, más fuerte. De pronto, Selena se levantó de golpe.

—¡No es lo que creen! —dijo, alzando la voz—. ¡Yo la crié! ¡Le di una vida!

El juez golpeó con el mazo.

—¡Acusada, siéntese!

Pero, en vez de sentarse, Selena se volvió hacia Eli.

—¡Eli! —gritó—. ¡Di algo! ¡Sabes que no soy así!

Todos en la sala giraron al mismo tiempo. Eli se tensó. Contuvo el aliento, pero esta vez no miró atrás. Al contrario, le apretó con más fuerza la mano a Althea.

Althea lo sintió y le devolvió el apretón, firme y constante. Selena la miró, incrédula.

—¿Eli...? —La voz le tembló—. No vas a dejarme, ¿verdad?

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