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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 616

El aire de la tarde se sintió más liviano en cuanto salieron del tribunal.

Ya no había flashes de cámaras ni murmullos cargados de reproche. Solo quedaba el ritmo tranquilo de sus pasos mientras volvían al auto, más lentos ahora, más calmados... aliviados.

Eli caminaba junto a Althea. No hablaba mucho. Pero esta vez no era porque se estuviera guardando algo, sino porque sentía algo nuevo, algo desconocido.

Se sentía ligera.

—Se acabó —murmuró.

Althea la miró de reojo y sonrió.

—Sí. Se acabó.

Eli apenas asintió. Casi sin darse cuenta, volvió a buscar la mano de Althea y entrelazó los dedos con los suyos. A diferencia de antes, ese contacto ya no nacía del miedo, sino de una necesidad silenciosa de saber que no estaba sola.

Daven, que caminaba al otro lado de ella, se dio cuenta y se le suavizó la expresión.

—Sí —dijo con calma—. Ya pasó todo. Aún quedan algunas cosas por resolver, pero no tienes que preocuparte. Está bajo control.

Eli y Althea asintieron.

—Vamos a casa —añadió Daven.

El regreso fue tranquilo. Sin conversaciones pesadas ni tensión.

Grace se había quedado dormida contra el hombro de Riana. De vez en cuando, Josh se inclinaba hacia Eli y le hablaba en voz baja, intentando relajarla. Los dos se quedaron todo el tiempo en el auto, con protección especial; no los dejaron entrar a la sala del tribunal, aunque ambos se las habían ingeniado para ablandar a Riana y lograr acompañarlos de todos modos.

—Entonces... mañana me ayudas con matemáticas, ¿verdad? —preguntó Josh.

Eli se volvió hacia él y sonrió apenas.

—Claro. Pero por lo general eres bueno en matemáticas. ¿Se está poniendo más difícil?

—La verdad, no. Solo prefiero estudiar con alguien. Esa parte del tema no la entiendo. —Josh sonrió.

—Josh es un desastre —masculló Grace, adormilada.

Josh suspiró.

—Tú tampoco eres mejor.

La conversación acabó entre risas suaves. Por primera vez, Eli también rio sin titubear. Althea se apoyó en el hombro de Daven. Fue un gesto mínimo, pero suficiente para que él lo notara enseguida.

—¿Estás cansada? —preguntó él en voz baja.

Althea asintió.

—Un poco.

Daven ajustó la postura para acomodarla mejor y, por instinto, le acarició el brazo con ternura.

—¿Por qué no dijiste nada antes? —murmuró.

—No quería molestarte.

Daven la miró.

—Tú nunca me molestas.

A Althea se le escapó una sonrisa. En las últimas semanas se cansaba con más facilidad. Se sentía distinta, más sensible, más propensa a agotarse y... con más ganas de apoyarse en alguien. Ese alguien siempre había sido Daven.

Suspiró despacio y, sin darse cuenta, aferró los dedos al borde de su camisa. Daven lo notó y no se apartó. Para cuando llegaron a casa, el ambiente volvió a sentirse cálido, familiar, acogedor.

El personal los recibió en silencio cuando entraron. Nadie hizo preguntas innecesarias, pero todos entendían que ese día había sido importante.

—Cenemos juntos —dijo Riana.

Nathan asintió.

—Ya pasó todo. Merecemos celebrarlo.

Grace dio un gritito de emoción.

—¡Por fin!

Josh se rio.

—Solo estás emocionada por la comida.

—Claro. Las cenas en familia son lo mejor —respondió Grace sin dudarlo.

Eli se quedó unos segundos en el umbral de la sala. Miró hacia dentro, esta vez con atención. Luego entró despacio. La sensación de pertenencia volvió.

Era cálida. Esta vez era más fuerte. Como si por fin... perteneciera.

La velada transcurrió entre conversaciones ligeras. Nadie volvió a mencionar el juicio. Solo pequeñas anécdotas, risas espontáneas y una calidez genuina, constante, reconfortante.

Eli se sentó entre Josh y Grace. A veces conversaban; otras, simplemente disfrutaban la calma de estar juntos.

—¿Dónde estudiamos mañana? —preguntó Josh.

—En la sala de estudio —respondió Eli.

—Yo también quiero ir —intervino Grace.

—No vas a entender nada —dijo Josh.

—Solo quiero sentarme ahí —contestó Grace como si nada.

Eli les dedicó una sonrisa leve a los dos. Al otro lado de la mesa, Daven estaba sentado junto a Althea, pero no le prestaba atención a la comida. Estaba pendiente de Althea.

—¿Por qué no comes? —preguntó él.

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