Naomi no dijo nada más. Fue hasta su departamento, abrió la puerta y entró. Antes de cerrarla, notó que Vincent seguía de pie en el pasillo y esperó hasta que ella cerró bien la puerta con llave.
El cuarto era pequeño, estrecho e incómodo, pero esa noche le parecía el único refugio que aún le quedaba. Naomi dejó el bolso sobre la mesa, apoyó la espalda contra la puerta y cerró los ojos.
La cabeza le palpitaba desde hacía horas. Habían pasado demasiadas cosas en un solo día. Un nombre del pasado había resurgido. Varias personas habían visto la marca que llevaba años ocultando. Y lo más inquietante de todo... alguien todavía sabía quién había sido su padre.
Cale Miller.
Naomi caminó despacio hasta la cocina diminuta y se sirvió un vaso de agua. Le temblaban tanto las manos que derramó un poco de agua sobre la mesa. Dejó escapar un largo suspiro.
—Cálmate —murmuró para sí, aunque no lograba controlar los nervios—. No te preocupes tanto.
El tío Lucien había mencionado ese nombre unas cuantas veces. Siempre de pasada y con mucho cuidado.
“Si algún día en serio no te queda adónde acudir, busca a Cale Miller”.
En ese entonces, Naomi era demasiado joven y demasiado terca para prestar atención. Tras la muerte de su tío, tras la noticia de que toda su familia había sido exterminada en una sola noche, rechazó todo vínculo con el pasado. Se negó a hacer preguntas, a buscar a quien pudiera seguir con vida e incluso a tener esperanza.
Para ella, tener esperanza significaba reabrir heridas que nunca habían sanado del todo. Se sentó al borde de su cama angosta, con la mirada fija en la pintura descascarada de la pared.
—¿Por qué ahora? —susurró—. ¿Por qué ahora, después de que me esforcé tanto por olvidarlo todo?
No hubo más respuesta que el leve zumbido del viejo refrigerador del rincón.
Naomi abrió el cajón junto a la cama y sacó la tira de tela gastada con la que solía cubrirse la muñeca izquierda. La desenvolvió despacio. Bajo la luz tenue, la marca en su piel se veía difusa pero inconfundible. Líneas circulares, bordes afilados, una marca que nunca había podido ignorar. La rozó con las yemas de los dedos y volvió a atarse la tela enseguida.
—Te odio —murmuró, aunque ni ella sabía si se lo decía a la marca... o al destino que esa marca representaba.
—¡Abre ya, o tiramos la puerta!
Naomi se volvió hacia la ventanita junto a la cocina. Tercer piso. Demasiado alto para saltar.
Se abalanzó sobre el celular de la mesa; le temblaban tanto las manos que estuvo a punto de tirarlo al suelo. Buscó a tientas la tarjeta de presentación que Vincent acababa de darle.
¡PUM!
La puerta tembló sobre las bisagras. Naomi contuvo el aliento y, pese al temblor de las manos, marcó el número.
Afuera se escuchó la voz de otro hombre, más fría que las demás.
—Si no abre, entramos.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...