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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 678

—No si se atiende. —El doctor miró a Cale con calma—. Pero necesita reposo. Nada de estrés y no debe quedarse sola.

Lydia arqueó una ceja.

—Esa última parte suena importante.

El doctor Weber sacó medicamento para la fiebre y escribió una receta adicional.

—Le aplicaré una inyección para bajarle la fiebre más rápido. Después, solo debe tomar líquidos y comida ligera durante los próximos días.

Cale asintió una sola vez.

—Hágalo.

Mientras preparaban la jeringa, Naomi volvió a inquietarse. Apretó un poco más la mano de Cale.

—No... —susurró.

Cale bajó la mirada hacia ella.

—Nadie va a llevarte a ninguna parte.

Fuera porque escuchó su voz o por simple coincidencia, Naomi comenzó a respirar cada vez más tranquilamente. El doctor terminó de aplicar la inyección y guardó sus instrumentos.

—Es posible que duerma unas horas. Si la temperatura no baja en dos horas, llámenme de nuevo.

—Lo haré —dijo Lydia antes que nadie—. Y... gracias, Andrew. Por favor, lleva al doctor Weber a su casa.

—Por supuesto, señora.

Aunque seguía intrigado por la tensión en la habitación, Andrew acompañó al doctor a la salida sin hacer más preguntas. Cuando la puerta de la suite volvió a cerrarse, el silencio se hizo aún más pesado.

Naomi dormía ahora con una respiración más estable, aunque seguía pálida. Cale estaba sentado junto al sofá, con una mano sobre la rodilla, sin apartar la mirada de la chica. Lydia permanecía de pie cerca de la mesa, con los brazos cruzados, mientras Vincent esperaba a unos pasos de la puerta, como siempre.

—Posponemos el vuelo —dijo Cale al fin.

Vincent alzó la mirada.

—¿Señor?

—No está en condiciones de viajar.

—Precisamente porque está en estas condiciones, no tenemos mucho tiempo. —Vincent hablaba con calma, pero en su voz se percibía una firmeza inconfundible. Lydia lo miró a él y luego a Cale.

Cale lo miró con dureza.

—Acaba de desplomarse. Tiene fiebre alta. ¿Quieres arrastrarla al aeropuerto ahora?

—Quiero sacarla de esta ciudad lo antes posible. —Vincent le sostuvo la mirada—. Cuando la señorita Naomi despierte, si tiene fuerzas para soportar el viaje, debemos irnos.

—No.

La respuesta fue fría. Vincent no cedió.

—Señor, no suelo insistir, pero esta vez tengo un mal presentimiento.

Cale se quedó mirándolo sin decir nada.

—Este lugar ya no es seguro —continuó Vincent—. Anoche irrumpieron en su departamento. Hoy saben que alguien más intervino. Si dan con este hotel, actuarán con más audacia.

—Tenemos seguridad. Ya te ordené que te encargaras de eso.

—No tenemos suficiente seguridad para un conflicto prolongado en terreno ajeno.

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