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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 687

Tres días después de llegar a Portclair, la fiebre de Naomi por fin cedió.

Naomi todavía se cansaba con facilidad, pero su cara empezaba a recuperar el color tras tanta palidez. La habitación que le habían preparado estaba en el ala este de la mansión y daba a un amplio jardín con un pequeño estanque y árboles plantados con esmero. Cada mañana, la luz del sol entraba por los altos ventanales y bañaba los pisos de madera y las cortinas translúcidas con su cálida claridad.

Era un lugar demasiado apacible para una mujer acostumbrada a vivir siempre alerta.

Naomi estaba sentada en el pequeño balcón, con una taza de té en las manos, cuando Lydia llegó con una bandeja de fruta cortada y medicinas.

—No dejas de mirar ese jardín como si quisieras memorizar cada detalle —dijo Lydia mientras se sentaba frente a ella.

—Solo quiero asegurarme de que todo esto sea real.

—Por desgracia, todo esto es real. Y todavía tienes que tomar tu medicina.

Naomi suspiró.

—Empiezo a sospechar que le gusta cuidarme.

—Claro que sí. —Lydia acercó el plato de fruta a Naomi—. Cuidar a alguien es mucho más agradable que lidiar con mi esposo.

—Pobre de él.

—No. Se lo merece.

Naomi rio. Ahora la risa le salía con más facilidad y ya no le resultaba extraña.

Los días siguientes transcurrieron en paz. Lydia aparecía en casi cada comida para contarle historias nuevas y rumores familiares o insistir en que Naomi caminara por los jardines para recuperar las fuerzas. Gracias a esas conversaciones distendidas, Naomi fue conociendo a la familia Miller.

Descubrió que Cale no sabía estarse quieto mucho tiempo. Parecía pasar media vida entre reuniones, viajes de negocios y decisiones que afectaban a un sinfín de personas. Supo que Lydia se había casado con él después de haber pasado por una etapa de todo menos sencilla. También supo que su familia era grande y complicada, y que todos protegían ferozmente a los suyos, cada uno a su manera.

Aun así, Naomi tenía algo claro. En esa familia sobraba el cariño.

—Y usted, ¿también trabaja? —preguntó Naomi una tarde.

—Claro —respondió Lydia con naturalidad—. Pero pospuse varios proyectos en Portclair. Quizá la próxima semana retome mis actividades. Todavía tengo la mayor parte de mi trabajo pendiente en Solaviz.

—Espero que no los haya pospuesto por mí. —Naomi parecía preocupada y culpable.

—Por favor. Claro que no. —Lydia rio—. Es solo que todavía necesito adaptarme a trabajar aquí.

Naomi bajó la mirada a su taza de té.

—Creo que necesito buscar trabajo aquí. No puedo seguir dependiendo de ustedes para siempre.

—A nosotros no nos importaría —respondió Lydia, restándole importancia.

Naomi la miró sorprendida y luego se rio.

—Por desgracia, la que sí tiene problemas para aceptar tanta amabilidad soy yo.

—También deberías hablar de eso con Cale —comentó Lydia, como si fuera obvio—. Creo que querrá saber qué planes tienes mientras estés en Portclair.

Naomi se quedó callada un largo rato tras escucharla. Lydia tenía razón.

Mirara como lo mirara, Cale la había ayudado a escapar de aquella pesadilla. ¿Por qué Falcon había llegado tan lejos por una deuda? Al principio, Naomi había creído que todo aquello era solo el precio de haberse metido con Don Falcon, pero...

Cuanto más pensaba en lo ocurrido, menos sentido le encontraba.

—Sí, le diré al señor Miller qué pienso hacer de ahora en adelante —dijo Naomi con una sonrisa—. Gracias por ayudarme tanto.

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