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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 688

—¡Tía Lydia! —chilló la niña con dramatismo—. ¡Te extrañé!

Salió disparada hacia Lydia e ignoró la advertencia de su padre de que tuviera cuidado. El joven, que parecía absorto en su propio mundo, también echó a correr.

—¡Ay, mis amores! —Los recibió Lydia con calidez.

Abrazó a Grace con fuerza y, en cuanto vio a Josh, hizo un puchero de ofensa fingida.

—¿Así que ya no quieres abrazarme, Josh?

—Claro que sí. —Josh se rio.

Se movió un poco para apartar a su hermana y Grace hizo un puchero furioso. Los dos empezaron a competir por ver quién abrazaba a Lydia con más fuerza y se proclamaba ganador.

—A ver, ustedes dos —dijo Daven en tono de advertencia.

—Sí, sí, sí, ya sé. Todos me extrañaron. —Lydia lo despachó con un gesto.

No le importaba quién ganara. Había extrañado muchísimo a ambos. Después de saludarla a gusto, Josh y Grace se apartaron lo suficiente para que su madre pudiera acercarse a su amiga.

—Te dije que vendría —dijo Althea mientras abrazaba con fuerza a Lydia.

—Esto sí que es una visita sorpresa. —Lydia chasqueó la lengua—. ¿Tú permitiste esto, Daven?

—Solo hice lo que ellos querían. —Sonaba despreocupado—. Además, ahora mismo no hay nada de qué preocuparse.

Lydia le lanzó una mirada molesta y luego se rio.

—Ya le avisé a Cale que venían. ¿Y saben qué les trae a Josh y a Grace?

—¿Qué? —preguntó Grace enseguida.

—Espero que no sea otro reptil —murmuró Althea—. No tengo tiempo para lidiar con uno.

Lydia soltó una carcajada.

—Ay, claro que no. Trae... ¡pizza!

—¡Sí! ¡Pizza! —chilló Grace, encantada.

Josh sonrió.

—Siempre sabe exactamente cómo hacer felices a esos dos —refunfuñó Althea.

Entonces Althea se fijó en Naomi.

—Y... ¿quién es esa?

La pregunta hizo que todos en la sala volvieran la mirada hacia el otro extremo de la escalera, donde Naomi seguía inmóvil.

Había permanecido allí todo el tiempo, observándolos con inseguridad, sin saber muy bien qué hacer.

Varias personas estaban de pie en el patio de una casa antigua. Entre ellas había un hombre joven cuyos rasgos se parecían muchísimo a los de su padre. A su lado había una mujer que sonreía con dulzura y tenía una mirada idéntica a la de su madre.

A Naomi le tembló la mano al levantar el marco.

—¿Señorita Naomi?

Se volteó de golpe. Vincent estaba en el umbral, todavía con su camisa de trabajo y las mangas recogidas. La observaba con curiosidad y calma.

—¿Qué hace aquí?

—Esto... —le salió la voz ronca—. ¿Por qué hay una foto de mi familia aquí?

Vincent bajó la mirada al marco que ella tenía en las manos. Por una vez, su expresión no logró ocultar su sorpresa. Naomi contuvo el aliento mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Señor Vincent... ¿podría llevarme a sus tumbas?

Cale habló desde el otro lado del umbral antes de aparecer.

—No.

Dio un paso adelante, quedó a la vista y miró a Naomi, cuyas lágrimas probablemente ya habían caído sin que ella siquiera las notara. Cale mantenía una actitud tranquila que no revelaba nada.

—Y deberías volver a tu habitación. Ya es tarde. —No apartó la mirada de ella—. Todavía recuerdas las indicaciones del doctor, ¿no?

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