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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 714

—Creo que fuiste un poco duro con Naomi, Cale —dijo Lydia mientras se sentaba a su lado.

Cale se quitó los lentes despacio. Luego le dedicó una sonrisa, extendió la mano y la atrajo hacia sí. —Naomi debería entender con qué clase de hombre está tratando.

—Aun así. —Lydia suspiró y se acomodó contra su hombro—. Mañana deberíamos intentar un enfoque más amable.

Cale sonrió apenas y le dio un beso en la coronilla.

—Encárgate tú. Creo que a ti te hará más caso.

Lydia se rio.

—Siento que soy la mediadora entre dos hermanos que se pelean.

—Llámalo como quieras.

Acto seguido, Cale la estrechó entre sus brazos. Lydia se sobresaltó y luego rio, dejándolo hacer lo que quisiera. La ternura del momento disipó la tensión hasta que ambos se quedaron dormidos. Cale no tardó en sucumbir al cansancio y se quedó profundamente dormido. Entonces, un recuerdo enterrado desde hacía mucho empezó a aflorar.

Estaba de pie en un patio amplio y abierto.

El aire era cálido y traía el aroma del pasto recién cortado y el murmullo del viento que le agitaba el cabello. El lugar le resultaba desconocido y, a la vez, extrañamente familiar, como si hubiera pasado mucho tiempo allí y luego lo hubiera olvidado con el paso de los años.

La luz del sol bañaba el lugar con un resplandor apacible. Cale entrecerró los ojos ante el brillo. Entonces vio aparecer a una niña cerca de allí.

Tendría cinco o seis años. Tenía el cabello negro y liso, recogido con esmero. Tenía las mejillas redondas, que parecían más llenas cuando sonreía. Pero lo que más resaltaba eran sus ojos claros y puros, aunque su mirada revelaba una profundidad impropia de su edad. Había en ellos una intensidad que le daba a Cale la impresión de que la niña no solo lo miraba, sino que lo estudiaba a fondo.

Frunció el ceño.

—¿Quién eres? —preguntó. La niña no respondió. Solo caminó hacia él, con pasos ligeros, casi sin sonido. Cuando la niña le tocó los dedos, el contacto le pareció innegablemente real.

—Llegas tarde, Alec —dijo en voz baja.

Cale la miró con desconcierto.

—¿Tarde para qué? —La niña no dio explicaciones. En cambio, alzó la cara y le sostuvo la mirada de frente—. Vas a protegerme, ¿verdad?

La pregunta lo tomó por sorpresa, pero Cale respondió sin dudar, movido por un impulso que no comprendía.

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