—Naomi, espera… —la llamó Lydia, pero la muchacha no se detuvo.
Sus pasos resonaban apresurados e irregulares, como si estuviera huyendo. Cale no la siguió. Se limitó a mirar a Vincent, que había observado el intercambio en silencio.
—Vincent, ya sabes qué hacer.
—Sí, señor.
Cale dejó que se fuera. Lydia se volvió hacia él y vio algo desconocido en su expresión.
—No vas a dejarla ir así como así, ¿o sí?
—No va a salir de esta casa —dijo Cale en tono seco.
—No le impongas tu voluntad, Cale. —Lydia se acercó y le rozó el brazo para aliviar la tensión que percibía en él.
Cale la miró.
—Puedo hacerlo.
Lydia guardó silencio. Era la primera vez que lo veía comportarse así, sin dejar espacio para concesiones. Respiró hondo para calmar los ánimos.
—Cale… durante lo que ocurrió hace un rato, estaba aterrada.
—Si tiene miedo, debería saber a quién acudir para que la proteja —respondió.
Lydia negó con la cabeza.
—Pero eso explica por qué actúa así. No quiere que nos involucremos más en lo que sea que la persigue.
Cale no respondió. Apartó la mirada un instante, como si intentara contenerse. Lydia entrelazó los dedos con los de él y le apretó la mano con firmeza.
—Sigamos hablando de esto en nuestro cuarto. Estás cansado, ¿no?
Cale la observó unos segundos y luego asintió apenas.
Se volvieron y se encaminaron hacia la escalera que conducía al segundo piso, donde estaba su dormitorio. Pero antes de que pudieran avanzar mucho, un estruendo resonó en el piso de arriba.
Una puerta se abrió a la fuerza, seguida de pasos apresurados y del golpe de algo. Lydia se volvió.
—¿Es Naomi?
Cale no dijo nada. Ya iba rumbo a la escalera. Cuando llegaron al piso de arriba, Trent estaba de pie frente a Naomi, cerrándole el paso. Naomi estaba pálida y respiraba de forma entrecortada.
—Déjeme pasar —exigió.
—Lo siento, señorita. No puedo —respondió Trent con firmeza.
—Tengo que irme. —Naomi trató de abrirse paso a la fuerza—. Usted no entiende…
Trent se plantó ante ella y volvió a bloquearle el paso, sin dejarla cruzar el umbral.
—Basta.

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