—Llegó antes de lo que esperaba —dijo con sequedad.
Falcon se sentó frente a él sin esperar a que lo invitaran.
—No me gusta perder el tiempo.
Una leve sonrisa asomó a los labios de Silas.
—Y a mí no me gusta que me busquen sin una razón clara.
Falcon no hizo caso del comentario. Sacó una tableta del interior de su chaqueta y la puso sobre la mesa. La pantalla se encendió y mostró una fotografía nítida.
Naomi. Silas no miró la fotografía de inmediato. Primero dio un sorbo pausado a su té, como si quisiera alargar el momento. Solo entonces miró la pantalla. Le dedicó apenas un vistazo, sin verdadero interés. Volvió la mirada a la taza, hizo girar el té suavemente y se lo terminó de un solo trago.
—Es bonita —comentó con ligereza.
Falcon no reaccionó.
—No pregunté eso.
Silas arqueó una ceja y volvió a mirar la foto, esta vez con mayor detenimiento. Al principio fue solo un vistazo, de esos que uno da para confirmar la identidad del objetivo de un cliente. Pero cuanto más la estudiaba, más crecía su inquietud. La forma deliberada en que aquel extranjero iba revelando la información le alteró el pulso por una fracción de segundo.
Su expresión cambió muy brevemente, pero lo suficiente para que alguien como Falcon lo notara.
—Interesante —murmuró Silas.
Falcon observó sin interrumpir.
—¿De dónde sacó esta foto? —preguntó Silas.
—Eso no le incumbe.
Silas sonrió.
—Esa cara y ese tatuaje siempre son asunto mío, sobre todo en círculos como el nuestro.
Falcon se reclinó ligeramente sin apartar la mirada.
—Solo necesito saber una cosa.
—¿Qué cosa?
—¿Cuánto cobraría por matarla?
Silas lo estudió con una actitud pensativa y calculadora. Al principio no dijo nada. Dejó la taza con calma y se recostó en la silla.
—Es una pregunta interesante —dijo al fin.
—Solo respóndala. No me gusta perder el tiempo. Y por lo que escuché, a usted tampoco.
Silas le sostuvo la mirada.
—Costaría mucho.

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