Silas sonrió.
—Esa es una buena pregunta.
—Entonces, respóndala.
—Tal vez porque alguien la protege —dijo Silas con naturalidad—. Alguien que no quiere que el mundo sepa que sigue viva.
Falcon pensó en un nombre. Cale Miller.
—Cale la tiene —dijo Falcon—. Su verdadero nombre es… Alec Devereux, ¿no?
Silas no pareció sorprenderse.
—Ya me lo imaginaba.
Falcon entrecerró los ojos.
—¿Por qué?
—Porque solo alguien como él tendría la audacia —respondió Silas con ligereza—, o la insensatez, de seguir escondiéndola sin hacer ningún anuncio oficial.
Falcon apoyó el codo en la mesa y entrelazó los dedos.
—No ha anunciado nada.
—Eso es lo que lo hace interesante —señaló Silas—. Si en serio la tiene, ¿por qué la esconde?
Falcon guardó silencio y esperó.
—¿En serio la protege? —continuó Silas—. ¿O… solo espera el momento indicado?
—¿Para qué?
Silas lo miró a los ojos.
—Para quedarse con lo que queda de Dragón Negro.
—¿No es líder de Dragón Negro ya?
Silas dio una palmada y sonrió, divertido.
—Impresionante. Veo que investigó bien. Y tiene razón, es el líder actual de ese clan. —Se acomodó en su asiento—. Por desgracia, no podrá conservar el liderazgo mucho tiempo.
La expresión de Falcon se agravó.
—La única forma de asegurar su posición es casarse con la heredera —continuó Silas—. Todos lo saben. Pero, en realidad… Alec ya está casado.
Falcon no reaccionó, pero una posibilidad inquietante cruzó por su mente. ¿Y si…?


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