También comprendía el miedo que siempre afloraba cuando alguien hacía demasiadas preguntas sobre su familia. Al final, nada de aquello había sido casual.
—Su padre sabía que la familia Devereux algún día se derrumbaría —continuó entonces el señor Smith—. Y la única manera de mantener viva a la última heredera era alejarla de Portclair.
Naomi bajó lentamente la mirada. Ella era la última heredera. Todavía no se acostumbraba a escuchar ese título.
Ese título le pesaba demasiado a alguien tan común como ella. Incluso ahora, a sus veintiún años, jamás había imaginado que provenía de una familia así.
La brisa de la tarde recorrió el jardín una vez más. Naomi alzó los ojos hacia los amplios jardines que se extendían frente a ella. La tranquilidad de esa mansión contrastaba con la trágica historia que acababa de escuchar.
—¿Y ahora? —Había preguntado Naomi en voz baja en aquel momento—. ¿Cale sigue siendo quien lo sostiene todo?
El señor Smith asintió despacio.
—La influencia que le queda a la familia está ahora en manos de Cale.
Esa respuesta dejó a Naomi en silencio un buen rato. Porque por fin empezó a entenderlo.
Ahora entendía la forma en que Cale se había comportado cuando se conocieron. También empezaba a entender todo lo que le había pasado recientemente. La ira de Cale, que de pronto cobraba mucho más sentido. También entendía por qué aquella gente no dejaba de perseguirla.
Era posible que Don Falcon ya supiera quién era ella en realidad. Y tal vez por eso Cale se enfurecía cada vez que alguien hablaba de ella como si fuera una moneda de cambio. Naomi exhaló lentamente.
—¿En serio se puede confiar en él? —preguntó al fin.
El señor Smith sonrió apenas.
—Llevo más de treinta años trabajando para la familia Devereux, señorita. —El mayordomo la miró con afecto y añadió—: Y en todo ese tiempo nunca he visto a nadie más leal que el señor Devereux.
—¿Incluso después de que todo ese poder quedara en sus manos?
—Precisamente porque él acabó controlándolo todo.
Naomi lo miró sin ocultar su confusión. El señor Smith continuó con calma:
—Si el señor Devereux hubiera querido, todo el legado de la familia Devereux podría haber sido suyo desde hace mucho.
Naomi apretó los dedos unos contra otros.
—Pero nunca lo hizo.
—¿Por qué?
—Porque nada de eso le pertenece. —La respuesta fue sencilla, pero sincera. El señor Smith continuó—: Y hay algo más que debería saber, señorita Naomi. El señor Devereux tampoco es un hombre común. Su padre es Nathaniel Miller, el dueño de la tercera empresa más grande del mundo, el Grupo TnC.
—Con razón es tan fastidioso —masculló Naomi.
El señor Smith rio.


Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad