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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 736

Lydia también se había acostado temprano y, aun así, no lograba dormirse sin antes asegurarse de que su esposo estuviera bien.

En cuanto vio a Cale avanzar deprisa por el pasillo junto a Vincent, su expresión se tensó.

—¿Qué pasó?

Cale se detuvo y la miró. Pero, antes de que pudiera responder, desde el fondo del pasillo se escuchó una voz entrecortada por la radio de uno de los guardias.

—La zona trasera está asegurada.

—Asegúrense de que no queden puntos ciegos —ordenó Vincent con firmeza.

Lydia comprendió que la seguridad de la mansión estaba en riesgo.

—¿Alguien intentó entrar? —preguntó en voz baja.

Cale intentó sonreír para tranquilizarla mientras caminaba hacia ella. Cuando estuvo lo bastante cerca, se inclinó y la besó con ternura en la frente.

—No lo lograrán —respondió con seguridad—. Sabes que la seguridad de la mansión es muy rigurosa, ¿no?

Lydia trató de mantener la calma. Aun así, estaba preocupada. Por primera vez, comprendió la gravedad de la situación. El peligro que rodeaba a Naomi era mucho más real de lo que Lydia había imaginado.

Ya no se trataba solo de unos acreedores que perseguían a una muchacha por una deuda. Una amenaza mucho mayor se cernía ahora sobre ellos. Lydia estaba segura de que aquella amenaza tenía relación con el grupo que se había presentado en la oficina de Cale ese mismo día.

—Vuelve a tu cuarto. Iré contigo en cuanto termine de revisar todo —dijo Cale mientras le acariciaba los brazos.

Lydia lo miró unos segundos antes de asentir.

—Está bien. Vuelve pronto. No me gusta dormir sola.

La mirada de Cale se enterneció un instante antes de que se diera la vuelta y siguiera caminando junto a Vincent.

Mientras tanto, en otra habitación de la mansión, Naomi no lograba dormir.

Estaba de pie junto a la ventana del dormitorio, con la mirada fija en los terrenos de la mansión, donde ahora había más guardias. Las luces exteriores iluminaban el lugar con más fuerza de lo habitual. Los guardias se movían deprisa por el jardín trasero mientras hablaban por radio.

Además, varios perros guardianes recorrían el jardín como si buscaran algo. La escena la angustió cada vez más. Se rodeó el cuerpo con los brazos y guardó silencio.

¿Qué estaba pasando? ¿Tendría algo que ver con la llegada del señor Vincent hacía un rato? ¿Habría traído malas noticias?

Y todo esto… ¿era por su culpa? Le dolía la cabeza de tanto pensar en todo aquello.

Naomi suspiró profundamente antes de abandonar su cuarto. Tenía la garganta seca y la inquietud ya no le permitía seguir sola en aquel dormitorio. Pero apenas había bajado unos peldaños cuando dos guardias se acercaron a ella, alertas.

—Señorita Naomi, ¿necesita algo?

Naomi se sobresaltó.

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