A la mañana siguiente, el ambiente en la mansión parecía normal.
Los sirvientes seguían yendo y viniendo con las bandejas del desayuno. Una suave música instrumental se oía a lo lejos desde el salón principal. Hasta el jardín trasero se veía tranquilo, con los trabajadores cuidando las plantas, atareados como cualquier otro día.
Aun así, Naomi seguía notando la diferencia. Ahora había más guardias apostados por toda la propiedad.
Varios hombres vestidos de negro se turnaban para patrullar los terrenos de la mansión, con pequeños auriculares de comunicación. Hasta los perros guardianes que habían patrullado durante la noche seguían apostados cerca de la puerta trasera.
La mansión parecía una fortaleza.
Aun así, Naomi estaba muy agradecida con Lydia, que hacía un gran esfuerzo por fingir que todo seguía normal. Seguía invitándola a desayunar juntas y charlaba con naturalidad sobre temas ligeros, como el menú del almuerzo o la serie que habían visto unos días atrás.
Como si los cambios en la mansión fueran algo común y corriente.
Pero al recordar las historias que Lydia le había contado sobre su vida anterior, Naomi sospechaba que ella tampoco estaba acostumbrada a nada de esto. Solo hacía todo lo posible por mantener cierta normalidad, por el bien de Naomi.
Naomi tenía suerte de contar con ella en ese momento.
—Si sigues con esa cara, van a pensar que te secuestraron —comentó Lydia con naturalidad mientras servía el té.
Naomi suspiró.
—La verdad, así es exactamente como me siento.
Lydia soltó una risita.
—Al menos tus secuestradores son ricos.
—Y molestos —añadió Naomi sin dudarlo.
—En eso te doy la razón.
Las dos acabaron riéndose y la tensión entre ellas comenzó a desaparecer poco a poco. El ruido de unos pasos que se acercaban hizo que Naomi volteara.
Cale apareció con ropa formal y oscura que le daba un aspecto mucho más frío de lo habitual por las mañanas. Llevaba el cabello bien peinado y nuevamente lucía una actitud indescifrable. Pero en cuanto vio a Lydia y a Naomi sentadas juntas, riendo, arqueó una ceja.
—Empiezo a pensar que esta casa se volvió demasiado tranquila —comentó con sequedad.
Naomi chasqueó la lengua.
—Señor Miller, ¿su vida siempre gira en torno a causar problemas?
—Casi siempre.
Lydia contuvo una risita mientras le acercaba una silla a Cale.
El desayuno transcurrió con mucha más tranquilidad que en los días anteriores. Aunque el refuerzo de la seguridad era evidente, Lydia intentaba mantener cierta normalidad para no aumentar la presión sobre Naomi.

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