Naomi se limitó a escuchar la mayor parte del tiempo. Solo respondía de vez en cuando, si Lydia le hablaba o si Cale hacía comentarios con la clara intención de molestarla en broma.
Aun así, de forma inesperada, el ambiente se volvió mucho más cómodo y la tensión desapareció. Y, por primera vez en mucho tiempo, Naomi empezó a disfrutar de algo tan simple como compartir una cena. Los días siguientes transcurrieron con bastante tranquilidad.
Cale volvió a estar ocupado con el trabajo, mientras que Lydia pasaba casi todo el tiempo trabajando desde casa. Y, antes de que se diera cuenta, Naomi ya pasaba gran parte del día en su despacho.
Al principio fue por simple curiosidad, pero cuanto más la observaba, más la impresionaba aquella mujer. En ese momento, Lydia terminaba el diseño de un edificio que se construiría en Portclair.
Cada vez aparecían más trazos en la pantalla de la tableta. Una estancia tras otra fue tomando forma, y la estructura, que al principio no era más que un simple boceto, se fue convirtiendo en un diseño completo.
Sus días en Portclair transcurrían con demasiada calma, de manera casi monótona. Naomi no tenía nada especial que hacer; de vez en cuando ayudaba con pequeñas tareas sin verdadera importancia y al día siguiente repetía la misma rutina.
Al principio disfrutó de esa paz. Después de todo el caos que había vivido, tal vez era justo lo que necesitaba.
Pero ahora, Naomi empezaba a aburrirse. Sus dedos se detuvieron sobre una pila de documentos y, al final, dejó escapar un suspiro suave.
—Empiezo a aburrirme.
Lydia, concentrada en el diseño de su tableta, levantó la mirada. Frunció un poco el ceño al notar la expresión de Naomi.
—¿Estás aburrida?
Naomi asintió y se recostó en la silla.
—No tengo nada que hacer. —La mirada se le fue hacia el gran ventanal que daba al jardín trasero de la mansión—. Me despierto, desayuno, leo un libro, miro algo y al día siguiente repito lo mismo. Al principio era agradable, pero ahora todo está demasiado tranquilo.
Lydia guardó silencio un momento. Por extraño que pareciera, entendía muy bien esa sensación.
En el pasado, tras tomarse una pausa en el trabajo, se había sentido de la misma manera. Los días demasiado vacíos podían hacer que cualquiera perdiera el rumbo. Aunque aquel periodo de inactividad había sido necesario para su recuperación tras el accidente, esto era diferente.
—Lo entiendo.
Naomi volteó a mirarla.
—¿Usted conoce ese sentimiento?
Lydia sonrió.
—Entiendo con exactitud de qué te quejas. —Dejó el lápiz táctil que sostenía y se recostó en la silla—. No hacer nada suena maravilloso al principio, pero después de un tiempo empiezas a sentirte inútil.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...