Abigail Allen
Miro a la asistente de Misael con una media sonrisa. Es inevitable escuchar la conversación desde mi posición.
De hecho, lo agradezco. Fue solo escuchar el nombre de Ivanna para que todo tomara mejor forma en mi cabeza.
Doy media vuelta con una idea bien clara. Tengo que alejarme de aquí para poder actuar y hacerlo lo más pronto posible. Si mi adorado “papi” está reunido y es algo que le llevará un tiempo, entonces es mi momento.
Espero a salir del edificio para hacer una llamada, la primera de las que debo. La contestadora que escucho me hace resoplar, pero no me rindo. De todas formas, no puedo perder tiempo dando explicaciones.
—Señor Murray, en su buzón encontrará un paquete con información importante. Me gustaría presentarme para darle confianza, pero me temo que no es posible. Solo debo decirle que confíe en mí, porque tendrá en sus manos las respuestas a todas las preguntas que se ha estado haciendo últimamente. ¿Quiere saber qué esconde la familia Allen? Solo lea. Y espero que el efectivo que dejo adjunto sea suficiente para que salga todo publicado mañana a primera hora en su blog.
Corto la llamada con un cosquilleo en la nuca, sonrío con ganas.
Todo está saliendo como debe ser.
Antes de venir al banco para intentar convencer a mi papito de que nos dé una oportunidad, pasé primero por la casa del periodista que nos ha estado tocando los cojones este último año. Sé todo sobre él, porque en un primer momento solo quería que desapareciera, pero ahora veo que la información en mis manos y su contacto son una señal divina.
Dios quiere que haga esto, estoy segura.
Me alejo hacia el aparcamiento y hasta mi auto. La segunda llamada debo hacerla ahora, sin perder el tiempo. Aprovechando el teléfono desechable que compré en el motel barato donde me estoy quedando, necesito cubrir todas las posibilidades.
Hay mucho azar, pero confío en que todo puede salir bien.
Me subo al volante, miro la pantalla del móvil y marco el número que sé de memoria. La voz de la asistente de mi padre se escucha al segundo tono.
—Soy Ivanna de nuevo, cambié de opinión… —intento poner la voz lo más similar a Ivanna posible.
—Ummm… ¿al final dejará un mensaje, señorita?
Sonrío, porque eso está claro.
—Sí. Dígale que necesito verlo en el restaurante The Palace, llevaré un delicioso vino para celebrar. La cita estará a nombre de Ivanna a las ocho en punto.
La línea se queda en silencio unos segundos.
—Entiendo, señorita. Yo se lo comunico al señor Allen. ¿Algo más que quiera decirle?
Corto la llamada. Si quiero un impacto completo, así debe ser.
Sonrío con ganas de solo pensar en todo lo que puede destaparse con mi plan. Después de esta noche, los titulares serán muy... extraños.
El primero, dejando en evidencia a Ivanna Taylor, la hija despreciada de Misael Allen, que quiere su parte de la herencia y está dispuesta a todo por tenerla.
Y el segundo, la muerte repentina y dolorosa del presidente del banco local, de la que es única sospechosa su hija no querida.
Una carcajada se me escapa de solo pensar en los periódicos, en las televisores, los chismes que corren y se viralizan en Internet.
—Cuando acabe este día, el infierno en la tierra estará yendo por ti, maldita.
Me sostengo del volante con fuerzas, hasta que mis nudillos se vuelven blancos. Estoy eufórica, siento la adrenalina correr por mis venas y todo el cuerpo me pica con las ganas de hacer algo yo misma. Pero debo conformarme con lo que ya tengo.
Enciendo el auto y me alejo del edificio. Por más que quisiera permanecer aquí y apurar mi plan, no puedo, y tengo otras cosas que hacer.
«Como pedir una cita en The Palace y solicitar el vino que matará a mi papito».
Salto de alegría en el asiento mientras me alejo. No dejo de sonreír y me duele la cara, pero es una buena señal. Eso significa que voy por buen camino.
¿Misael caerá en mi plan? Sé que sí.
Está tan desesperado por tener una comunicación con la estirada de su hija que hará lo que sea sin mediar explicaciones. Y de ahí me agarro yo para hacer esto.
Su necesidad comenzó a ser molesta hace unos años, pero Ivanna estaba lejos y no podía deshacer mi frustración de la manera correcta. Ahora la estúpida está aquí, quiere quitarme a mi Shane y también a mi papi.
—Eso no se lo voy a permitir —aseguro, apretando los dedos alrededor del cuero.
La perra me ha quitado mucho y ya no lo permitiré. Empezando por ese niño del que también debo deshacerme cuanto antes porque, de lo contrario, logrará engatusar a Shane. Ya puedo verlo defendiendo a Ivanna solo por el mocoso.
—Primero muerta —reclamo entre dientes, miro al frente con ganas de estampar el auto contra cualquiera que se me atraviese.
Fácilmente puedo fingir que estoy golpeando a Ivanna, que puedo matarla. Así como a ese niñato que está metido en mi relación con Shane ahora.
El móvil suena de repente y me saca de mis pensamientos. Sacudo la cabeza para dejar de darle vueltas a lo que ahora no puedo resolver y veo el nombre de mi madre en la pantalla.
—Arg, pesada. ¿Qué querrá ahora? —bufo, y me convenzo de que no tengo que responder. Pero al final lo hago, porque puede ser algo importante—. Dime, mamá.
No me preocupo en poner el altavoz para poder conducir mejor. Eso es para los idiotas que no se concentran. Sigo conduciendo por las calles de Boston con el móvil pegado a la oreja y con una sola mano en el volante.
Si alguien se interpone en mi camino, bien que pueden pedirle ayuda a San Pedro.
—Abigail, ¿dónde estás? —Su voz suena aburrida.
Pongo los ojos en blanco.
—¿Hay algo para lo que me estés llamando? Que no sea tu obsesiva necesidad de tenerme en tu radar.
Escucho su jadeo indignado.
—¿Qué cosas dices, muchacha? No me faltes el respeto. Solo quiero saber qué haces.
Resoplo, pero no corto la llamada como quiero hacerlo.
—Voy a comprar vino. Esta noche celebramos.
Vuelvo a sonreír con ganas.

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