NYX
—¡Aaahh! —Un grito me hizo despertarme de golpe, estirando la espalda, sentada en una esquina oscura.
La verdad es que ya iba siendo hora de salir de mi escondrijo.
—¿Qué sucede, Mora? Ssshh… baja la voz… el príncipe hoy está de pésimo humor —escuché a dos doncellas entrando en el almacén.
—Parece que hay ratas, encontré algunos tallos de frutas —torcí la boca.
Obviamente, “la rata polizona” era yo misma.
Lo peor es que se marcharon a toda prisa y diciendo que buscarían a unos soldados.
Era el momento de salir.
—M4ldit4 sea —mascullé al encontrar la puerta de salida cerrada.
Miré a mi alrededor.
Como esto era un sótano, no encontré ventanas en mi inspección rápida.
Entonces caminé con prisa hacia una chimenea en una esquina.
Me asomé por el agujero, mirando hacia arriba.
Llevaba a otra estancia o me dejaría salir al exterior.
—Ven a revisar, ¡y no dejes escapar ni una!
Los pasos se acercaban, seguidos de la algarabía.
Convoqué mi magia y flui como niebla por el estrecho pasaje de la chimenea, subiendo hacia un sitio desconocido.
Debido al viaje violento a través del portal, gasté mucha de mi energía.
En estos días había estado reponiéndome, pero fui herida en el interior y resultaba todo demasiado lento.
El olor al hollín y la oscuridad me oprimían.
Vi una luz más arriba, la salida a alguna habitación, y me colé por los pasajes que daban calor a ese frío lugar.
—Cof, cof —tosí bajo al caer sobre el suelo de un salón.
Enseguida escaneé mi entorno. No había nadie.
Era solo una antesala, muy hermosa. Parecía pertenecer a aposentos femeninos.
Con el oído alerta y sacudiéndome un poco de negrura, me interné en este cuarto.
Era exquisito. Cada mueble, diván, seleccionados con mimo.
Los libros del librero sin una gota de polvo.
Fui bajando la guardia. Llegué a una puerta de roble cerrada.
Los ojos de esa mujer se abrieron, fulgurando en púrpura, y su mano salió del hielo para agarrar la mía.
—¡Suéltame! —luché, queriéndome alejar, pero no fue mi cuerpo lo que ella retuvo, sino mi espíritu mágico interior.
Al igual que mi madre Sigrid, yo podía introducirme en los cuerpos de otros y controlarlos, pero esta vez… fui yo la controlada.
Experimenté esa sensación que conocía muy bien.
Escuché el sonido sordo de mi cuerpo físico cayendo al lado de la cama, mientras mi espíritu se introducía en el cuerpo de esa hechicera.
Podría verse moribunda, pero a esa mujer aún le quedaba algo de poder.
“¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me apresaste dentro de tu cuerpo?”
Me vi parada en un mundo lleno de sombras oscuras y relámpagos.
Era su espacio interior.
“Lamento haberte hecho esto… de verdad, estoy… desesperada...”
De pie, frente a mí, me miraba sonriendo tenuemente, avergonzada.
Quise ser hostil.
Sentía que me estaba manteniendo apresada, podía forzarla, pero su rostro pálido y la sensación de fragilidad que transmitía, me detuvieron.
Al final, escuché de sus labios el trato más insólito que jamás me habían propuesto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...