SIGRID
— Veo que te han salido garras bien duras para hablarme con tanta altanería – comenzó a caminar paso a paso hacia mí, saliendo de la oscuridad.
— ¿Qué te ofreció Lucrecia Silver para tentarte? ¿Poder, el trono? No me vayas a decir que me traicionaste por un esclavo defectuoso.
Se detuvo a solo unos pocos metros, la ira le deformaba el regordete rostro, a penas conteniéndose.
Parece que en realidad no habían descubierto que ocupaba el cuerpo de su hermana, solo sospechaban de una traición con los Silver.
— Bien, te voy a responder, pero antes tengo curiosidad: ¿por qué comenzaste a sospechar de mí?
— Fui yo – casi me echo a reír al escuchar la voz a mi espalda.
Claro que la había sentido y por supuesto, saldría a atribuirse el crédito.
— Ah, pero si es una reunión familiar lo que tenemos aquí – me posicioné en medio de las dos arpías.
— ¡No seas cínica, Electra! ¡Morgana te tenía demasiado mimada! ¡¿Cómo pudiste aliarte a Lucrecia Silver?!
Drusilla hizo su teatro, toda consagrada a la familia, cuando era obvio que solo deseaba deshacerse de su hermana menor.
— De la misma manera en que tú la engañabas con tus embarazos fallidos – le respondí cansada de tanto drama - ¿cómo me descubriste, dime?
— Sentí la conexión con el bebé, con ese que te ordené eliminar y sigue vivo. No intentes tergiversar las cosas, ya Morgana sabe la verdad de ese asunto —así que fue por eso, ¿cómo lo pude pasar por alto?
— Comencé a sospechar, ¿por qué me engañaste, qué hiciste con el bebé maldito? ¡Entonces te vigilé y descubrí tu traición con los Silver!
— ¿De verdad le crees esas idioteces? Sabes muy bien que te está utilizando para quitarme del medio, ¿no? – miré a Morgana con sarcasmo.
Ella me devolvió la mirada llena de planes y pensamientos ocultos.
No era una idiota, sabía muy bien lo que tramaba Drusilla, solo que ahora le convenía seguirle la corriente.
— Puede ser, pero igual lo averiguaré por mí misma, ven conmigo a mi mansión…
— No iré a ningún lado – le respondí tajante.
— ¡Te llevaré a las buenas o a las malas! ¡NO JUEGUES CONMIGO ELECTRA! – se acabó la charla y su paciencia había llegado a su final.
Dio una palmada en el aire que resonó como una honda de magia oscura, creando ventiscas dentro del salón que movieron las cortinas y el candelabro del techo.
Entre sus regordetes dedos se tejían runas e hilos mágicos, pronto las sombras de las esquinas comenzaron a alargarse y deformarse.
Las luces de los candelabros se apagaron sumiéndonos en la completa oscuridad.
Sin embargo, comencé a escuchar el susurro de las patas, el movimiento de los hilos mágicos entretejiéndose en las tinieblas.
Subí la cabeza y las vi, enormes arañas cazándome, mirándome con todos esos ojos espeluznantes, listas para capturarme o destrozarme.
Una risa retorcida salió de mi boca.
— Morgana, uno de tus mejores hechizos, hermanita, ahora creo que si tengo miedo… na, no es cierto…
La provoqué y no pasó un segundo en que sentí el chirrido de esas tarántulas gigantes saltándome encima.
Invoqué la magia de Electra, las dagas oscuras y comencé a luchar con las primeras de ellas, buscando siempre sus vientres, cortando patas, clavándolas en sus ojos y puntos más vulnerables.
Cada vez que eliminaba una, eran heridas que debilitaban a Morgana, pero por más que acababa con su horripilante magia, aparecían más y más.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...