Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 250

SIGRID

— Veo que te han salido garras bien duras para hablarme con tanta altanería – comenzó a caminar paso a paso hacia mí, saliendo de la oscuridad.

— ¿Qué te ofreció Lucrecia Silver para tentarte? ¿Poder, el trono? No me vayas a decir que me traicionaste por un esclavo defectuoso.

Se detuvo a solo unos pocos metros, la ira le deformaba el regordete rostro, a penas conteniéndose.

Parece que en realidad no habían descubierto que ocupaba el cuerpo de su hermana, solo sospechaban de una traición con los Silver.

— Bien, te voy a responder, pero antes tengo curiosidad: ¿por qué comenzaste a sospechar de mí?

— Fui yo – casi me echo a reír al escuchar la voz a mi espalda.

Claro que la había sentido y por supuesto, saldría a atribuirse el crédito.

— Ah, pero si es una reunión familiar lo que tenemos aquí – me posicioné en medio de las dos arpías.

— ¡No seas cínica, Electra! ¡Morgana te tenía demasiado mimada! ¡¿Cómo pudiste aliarte a Lucrecia Silver?!

Drusilla hizo su teatro, toda consagrada a la familia, cuando era obvio que solo deseaba deshacerse de su hermana menor.

— De la misma manera en que tú la engañabas con tus embarazos fallidos – le respondí cansada de tanto drama - ¿cómo me descubriste, dime?

— Sentí la conexión con el bebé, con ese que te ordené eliminar y sigue vivo. No intentes tergiversar las cosas, ya Morgana sabe la verdad de ese asunto —así que fue por eso, ¿cómo lo pude pasar por alto?

— Comencé a sospechar, ¿por qué me engañaste, qué hiciste con el bebé maldito? ¡Entonces te vigilé y descubrí tu traición con los Silver!

— ¿De verdad le crees esas idioteces? Sabes muy bien que te está utilizando para quitarme del medio, ¿no? – miré a Morgana con sarcasmo.

Ella me devolvió la mirada llena de planes y pensamientos ocultos.

No era una idiota, sabía muy bien lo que tramaba Drusilla, solo que ahora le convenía seguirle la corriente.

— Puede ser, pero igual lo averiguaré por mí misma, ven conmigo a mi mansión…

— No iré a ningún lado – le respondí tajante.

— ¡Te llevaré a las buenas o a las malas! ¡NO JUEGUES CONMIGO ELECTRA! – se acabó la charla y su paciencia había llegado a su final.

Dio una palmada en el aire que resonó como una honda de magia oscura, creando ventiscas dentro del salón que movieron las cortinas y el candelabro del techo.

Entre sus regordetes dedos se tejían runas e hilos mágicos, pronto las sombras de las esquinas comenzaron a alargarse y deformarse.

Las luces de los candelabros se apagaron sumiéndonos en la completa oscuridad.

Sin embargo, comencé a escuchar el susurro de las patas, el movimiento de los hilos mágicos entretejiéndose en las tinieblas.

Subí la cabeza y las vi, enormes arañas cazándome, mirándome con todos esos ojos espeluznantes, listas para capturarme o destrozarme.

Una risa retorcida salió de mi boca.

— Morgana, uno de tus mejores hechizos, hermanita, ahora creo que si tengo miedo… na, no es cierto…

La provoqué y no pasó un segundo en que sentí el chirrido de esas tarántulas gigantes saltándome encima.

Invoqué la magia de Electra, las dagas oscuras y comencé a luchar con las primeras de ellas, buscando siempre sus vientres, cortando patas, clavándolas en sus ojos y puntos más vulnerables.

Cada vez que eliminaba una, eran heridas que debilitaban a Morgana, pero por más que acababa con su horripilante magia, aparecían más y más.

Pero yo no era una presa, yo era la depredadora aquí y Morgana, había hecho muy mal en darme la espalda.

— Ah, creo que me había olvidado de confesar algo importante… — murmuré, aunque sé que ella me escuchó.

La primera tarántula saltó hacia mi rostro y rugí, explotando con todo mi poder de Selenia.

Una honda de fuego asesino y voraz se expandió carbonizando a esa criatura por completo.

Mi cuerpo entero en llamas devoradoras, la forma de una loba saliendo del interior, aullando liberada, rodeando mi piel como una manta de llamaradas azules.

Todos los hilos comenzaron a quemarse, las masacré sin compasión.

Chirriaban consumidas por mi magia de Selenia que se expandía en oleadas de salvaje poder.

Las paredes, el suelo, el techo, todo se quemaba e iluminaba, las sombras engullidas por la luz y Morgana sin poder salir de su asombro.

Se llevaba la mano al pecho con una expresión dolorosa, la destrucción de su magia de manera tan violenta le estaba causando estragos a su cuerpo.

Cuando reaccionó, quiso correr a la salida.

Ondeé mi mano, mis pies al fin tocaron el suelo suavemente, la puerta se cerró de golpe, encerrándola conmigo.

— De aquí no se va nadie, ¿no querías saber la verdad?

Miré a sus ojos que pasaban de confusión, a incredulidad, nerviosismo y pánico.

— Ese poder… eres… eres una Selenia… ¡¿Qué hiciste con Electra?!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación