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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 846

NARRADORA

Las manos cálidas de Aldric abrazaron la cintura femenina, cubriéndola siempre con su olor, con su amor y su aura.

Cuando llegó el momento del final, Gabrielle levantó los brazos, de donde chispas doradas se alzaron hacia la luna llena.

Nadie se había dado cuenta de cuánto creció, alumbrando el cielo con su halo de luz plateada, revelando cada oscuridad y espantando la desesperanza.

Valeria se llevó la mano al corazón, emocionada, y dejó que su vieja magia también vibrara, sintiendo el llamado de las Selenias.

La capa de bruma húmeda cubrió sus pupilas mientras chispas doradas surcaban el viento y se mezclaban.

Cuatro generaciones de Selenias unidas, como nunca antes.

Los haces de plata se fundieron con el oro y danzaron con la música que se elevaba a la brisa.

Debajo de cada arco, las parejas sellaban su unión con un beso lleno de devoción eterna.

Aldric también tenía un nudo en la garganta, apretando a la increíble mujer entre sus brazos, que había creado vida para él.

Ambos se sentían tan orgullosos de lo que forjaron.

La magia explotó llena de poder, de nuevos matices y promesas de seres increíbles por nacer.

Las flores en los arcos se abrieron sobre las cabezas de sus usuarios.

Rosas de fuego, de hielo, negras, doradas, rojas como la sangre misma, y un rugido bestial de repente resonó entre tanto derroche de poder.

Una expansión de energía color esmeralda se extendió por el lago congelado, donde comenzaba a brotar un jardín helado.

—Agggg…

—¡Aldric! —Valeria se giró para verlo sostenerse el pecho con una expresión incómoda.

—Tranquila, amor, me imaginé que Drakkar se saldría de control… —le dijo entre dientes, pero cayó de rodillas y no se resistió al cambio.

La ropa se rasgó dejando salir al enorme Rey Lycan.

El poder del Dios Bestia contenido en Drakkar se expandía por los kilómetros de bosques, donde se escucharon aullidos de lobos y bestias poderosas.

El lago entero empezó a vibrar, repiqueteando por las colas de los peces, golpeando emocionados la superficie.

Las nubes en el cielo se oscurecieron, cargadas de centellas, haciendo que las ramas se movieran como si una tormenta estuviese a punto de azotar.

La luz de la luna comenzó a tornarse rojiza y apareció una enorme luna de sangre.

—Por la Diosa, estos chicos están sacándolo todo —Valeria miraba, consternada, el despliegue de poderes por todos lados.

Algo frío tocó su nariz y, cuando extendió la mano, descubrió que estaba nevando.

Finos copos de nieve dorados y blancos llovían del cielo.

La sinfonía se elevó, y su expresión se llenó de ternura al verlos bailar el vals, avanzando hacia el jardín de hielo y fuego que se extendía por todo el lago.

Hasta su Laziel, tan serio, se veía como un caballerito responsable con su hembra.

“Lo hicimos bien, mi Rey”, murmuró, pero antes de girarse a mirarlo, una tosca mano de lycan la sostuvo con cuidado de la cintura.

“Lo hiciste muy bien, mi amada hembra”, la voz de Azarot resonó en su mente mientras la alzaba para lamer su mejilla.

—Jajaja, me haces cosquillas, lobito —Valeria se retorció riendo como una chiquilla.

No importa cuánto tiempo pasara, sus almas se sentían como desde la primera vez que se reconocieron.

—Ahora, ¿cómo iremos de regreso a la fiesta si rompiste tu túnica? Eres un desastre —le dijo, intentando que sonara a reproche, pero el cariño se filtraba en cada palabra.

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