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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 841

NARRADORA

¡DONG, DONG, DONG!

Sonidos potentes comenzaron a resonar en el aire, creando ondas como si una campana gigante estuviese siendo tañida.

Ese aviso sonó a través de todos los continentes descubiertos y entrelazados ahora por alianzas familiares.

De repente, en diferentes puntos, el paisaje cambió.

La realidad se deformó como si fuera rasgada por manos gigantes invisibles.

Los árboles se movieron vigorosos por las ráfagas mágicas que hacían vibrar todo a su paso.

Portales se abrían y llevaban a un mismo sitio: el castillo del Rey Lycan y la Reina Selenia.

Más allá del velo se veía la luna reflejada en el lago, la montaña coronada en la cima por el impresionante castillo de rocas oscuras y banderas danzando con la brisa.

En el pantano de sus mates, Fenrir y Magnus se miraron con decisión.

Vestidos a juego con túnicas negras, largas y hechas a medida.

La de Fenrir llevaba hermosos bordados en rojo y la de Magnus en blanco plata.

Sus cabellos peinados hacia atrás, irresistiblemente sexys y masculinos.

Flexionaron sus brazos, listos para atravesar el portal con la mujer que los trajo al mundo y ahora los entregaría al cuidado de sus parejas.

—Mamita, sigues siendo muy bella… pero ahora vas detrás de Abigail, lo siento —Fenrir no pudo evitar soltar una de sus perlas mientras se inclinaba a besar la mejilla de Valeria.

—Sabía que algún día me abandonarían por otra mujer, hijos traicioneros —Valeria se burló un poco más de ellos.

—Mamá, eres la mejor —Magnus también la besó en la sien.

Entre sus dos gigantones casi no se veía en el medio.

Pero la luz de Selenia era imposible de opacar.

Vestida también de negro, como todas las mujeres de su raza.

Las mangas de encaje se extendían hasta los puños y le rodeaban el cuello con delicados adornos.

La larga falda bajaba en una cola discreta, llena de perlas doradas.

Llevaba el cabello recogido y un maquillaje sencillo.

Valeria era hermosa y hoy escribiría otro capítulo de su historia.

Mientras atravesaba el pasaje, llevando a sus hijos al altar, se sentía orgullosa y muy bendecida.

Escuchaba los latidos en los corazones fuertes de ambos y toda su familia los esperaba más allá.

Otros novios también atravesaban el velo hacia su gran noche.

******

Sobre la superficie espejada del lago congelado había cientos de sillas blancas decoradas con cintas de satén y flores hermosas.

Pero lo que más destacaba era la plataforma blanca en medio, el altar de ceremonia.

Parecía flotar sobre la corriente que se movía bajo la fina capa transparente.

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