NARRADORA
Sigrid vio a Morgana darle la espalda, llena de sangre fluyendo por las decenas de heridas en su cuerpo.
Lista para escapar corriendo a algún sitio.
Era increíble lo humillante que podía resultar cualquiera frente al miedo a morir.
Todo el glamour y la elevación no existían en los momentos críticos.
Morgana estaba desesperada como nunca en su vida.
¿Cómo pudo ser tan idiota y alimentar a una enemiga formidable justo debajo de sus narices?
¿En qué momento esa Selenia parasitó el cuerpo de Electra?
No tenía tiempo ahora para averiguarlo, escaparía veloz hacia su mansión, debía recoger a sus hijos y huir a través del portal en el santuario secreto, donde guardaba el libro más poderoso de su familia, el Libro del Risorgimento.
No podía caer en manos de esta maldit4; todos los secretos de sus antepasados, hechizos que ni siquiera dominaba.
Murmuró las runas de escape, crearía un portal hacia el exterior de la mansión de Electra.
Se asfixiaba, tosiendo ronca y la piel le ardía a punto de achicharrarse con las llamas que devoraban todo a su paso.
Morgana se giró entonces, rápida y certera, intentando sorprender a Sigrid para ganar tiempo, lanzándole solo una cortina de humo, tapándose para crear en realidad el pasaje hacia el exterior.
Una ranura comenzó a abrirse de la nada, como una boca rajada de repente en el aire.
Morgana ya podía sentir la brisa fresca de la noche en su rostro, el olor a libertad, solo tenía que llegar a su mansión y estaría a salvo.
Hizo por colar su grueso cuerpo, no había tiempo que perder, solo que nunca imaginó que en vez de la libertad, lo que la recibió fue una mano oscura llena de garras que salió de repente del mismo portal y fue directo a su cuello.
Boqueó como un pez fuera del agua, mirando con los ojos salidos del terror, la horrenda criatura que se había colado por donde mismo pretendía escapar.
Oscuridad, solo oscuridad sin rostro y esas cuencas rojas hundidas, llenas de odio, la hicieron temblar del pavor.
Era enorme, una sombra gigantesca que llegaba al techo y después de la primera, se colaron muchas más.
Sigrid se quedó también congelada, sintió la fluctuación en el espacio; sabía que Morgana estaba creando un portal para huir.
Había invocado una espada de fuego y la atravesaría justo en su espalda, como la cobarde que era, pero al despejar la cortina de humo y ver el panorama frente a sus ojos, hasta su espíritu tembló con un poco de miedo.
Espectros, estos eran los temidos espectros de su mundo.
Solo que aquí se veían más fuertes e intimidantes, más letales y sanguinarios.
Hasta a ella le costaría trabajo vencerlos, mucho más la cantidad que ahora se colaba hacia el interior.
Su energía oscura enseguida comenzó a llenar los rincones de la mansión en llamas, a alimentar y avivar más el fuego, y en medio de todo ese caos, Morgana colgaba del aire, pataleando, casi sin aire, sujeta de su grueso cuello por uno de ellos.
¿De dónde salieron? ¿Acaso existían ya en esta época? ¡¡Esto era peligroso!!
Sigrid miró hacia la rasgadura del portal que debería llevar al bosque; de repente, en medio de tanta oscuridad, destelló un cabello plateado.
Un hombre se colaba en el interior de la mansión; los espectros parecían escuchar su comando, él era su amo.
La espada cayó al suelo de su mano temblorosa, la boca abierta del asombro.
Estatura alta, espalda ancha, músculos fibrosos y poderosos, su rostro varonil, cuadrado, sexy, con esos ojos dorados que ahora la devoraban con intensidad.
No importaba si el mundo se estaba cayendo, si a solo unos metros de distancia una mujer estaba al punto del colapso, resistiendo apenas por los pelos, ellos dos, solo se miraban fijamente, reconociéndose, como si fuese de nuevo la primera vez.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...