La cena continuó en una tensión vibrante, León la hizo comer. Le habló de cómo sus abogados ya habían redactado la demanda de divorcio, de cómo habían bloqueado los intentos de Gael de congelar sus fideicomisos personales, de cómo la prensa estaba siendo manejada para que ella pareciera la víctima (que lo era) y Gael el villano.
León era brillante, despiadado y competente, todo lo que Gael fingía ser, León lo era de verdad.
¿Por qué haces todo esto? —preguntó ella cuando terminaron, con una copa de vino en la mano—. Podrías haberte lavado las manos, soy un problema.
Ya te lo dije —León se recostó en su silla, mirándola con esa franqueza desarmante—. Gael te rompió y yo odio ver cosas valiosas rotas, además…
Hizo una pausa, dejando que el silencio pesara.
¿Además qué?
Además, tengo hambre y no hablo de la comida.
Nuria sintió que el rubor subía por su cuello, el mensaje era claro.
León se puso de pie.
Tengo trabajo que revisar en mi despacho antes de dormir. —Se acercó a ella, se inclinó y le besó la mejilla. Fue un beso casto, pero sus labios se demoraron demasiado, aspirando su piel—. La puerta comunicante está abierta, la decisión es tuya. Buenas noches.
Salió del comedor, dejándola sola con el corazón galopando contra sus costillas.
Nuria regresó a su habitación como en un trance, se quitó los zapatos, sintiendo el alivio en sus pies cansados, caminó por la habitación, nerviosa, se acercó al balcón y miró el mar negro rompiendo contra las rocas abajo. El sonido era violento, constante, como sus propios pensamientos.
Se giró hacia la pared izquierda, allí estaba la puerta comunicante, estaba entreabierta, apenas unos centímetros, una franja de luz dorada se colaba desde la habitación de León, cortando la penumbra de la suya.
Podía escuchar música suave viniendo del otro lado, jazz, lento y suave.
Se acercó a la puerta como si fuera un imán.
Su mente racional le gritaba que se detuviera. «Es tu tío político, es una locura, si cruzas esa puerta, no hay vuelta atrás, te convertirás en su amante, en su propiedad».
Pero entonces, la voz de Gael surgió en su memoria, venenosa y reciente: «Es un témpano de hielo, aburrida, no sabe moverse y esta gorda».



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA