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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 16

Nuria despertó con el sonido del mar golpeando los acantilados bajo La Fortaleza, pero lo que la sacó del sueño no fue el ruido del agua, sino la ausencia de calor a su lado, estiró la mano sobre la sábana gris, buscando instintivamente el cuerpo sólido de León, solo encontró tela fría. Abrió los ojos, parpadeando ante la luz grisácea de la mañana que se filtraba por las cortinas, su cuerpo se sentía diferente: pesado, dolorido en los músculos internos, pero vibrante, las marcas de las manos de León en sus caderas eran invisibles bajo la piel, pero ella podía sentirlas arder, recordó sus gemidos, su entrega absoluta, la forma en que él la había devorado como si fuera su religión.

Se sentó en la cama, cubriéndose el pecho desnudo con la sábana, la puerta comunicante estaba abierta de par en par.

¿León? —llamó, con la voz ronca por el uso de la noche anterior.

Nadie respondió.

Se levantó, envolviéndose en la sábana como una toga romana improvisada, y caminó descalza hacia la habitación de él, estaba vacía, la cama hecha con precisión militar, como si nadie hubiera dormido allí, solo el aroma a sexo y sándalo en el aire delataba lo ocurrido.

Salió al pasillo, la casa estaba en silencio, siguió el olor a café recién hecho hasta la cocina.

Allí estaba él.

León estaba de pie junto a la isla de granito negro, leyendo un periódico físico (una costumbre antigua para un hombre tan moderno) mientras sostenía una taza de café. Ya no era el amante salvaje de la noche anterior, llevaba un pantalón de vestir gris plomo y una camisa blanca impoluta, arremangada hasta los codos, estaba afeitado, peinado y emanaba esa aura de control absoluto que hacía temblar a sus empleados.

Al escuchar los pasos descalzos de Nuria, levantó la vista del papel, sus ojos grises se suavizaron al verla envuelta en la sábana, con el cabello revuelto y los labios hinchados.

Buenos días —dijo él. Su voz era tranquila, pero sus ojos bajaron al suelo, recorriendo sus pies descalzos antes de subir de nuevo—. Deberías ponerte algo en los pies, el suelo de piedra es frío.

No tengo frío —respondió ella, acercándose. Se sentía expuesta, no por su desnudez, sino por la intimidad doméstica—. Te fuiste de la cama.

Tengo un imperio que dirigir mi reina, y una guerra que ganar. —León dobló el periódico con un movimiento seco y lo dejó sobre la encimera, con los titulares hacia abajo—. ¿Tienes hambre? Ágatha ha preparado fruta y tostadas.

Capítulo 16 1

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