El trayecto de regreso a La Fortaleza fue una tortura deliciosa.
El panel de privacidad del Maybach estaba subido, aislando a León y a Nuria del chófer, creando una burbuja de deseo. León no esperó a llegar a la mansión para reclamar su premio, sus manos, grandes y exigentes, ya estaban debajo de la falda del vestido rojo, recorriendo los muslos de Nuria, trazando el borde de la lencería de encaje.
Estás ardiendo —murmuró León contra su cuello, mordiendo la piel sensible justo debajo de la oreja.
Tú tienes la culpa —jadeó Nuria, echando la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados. La adrenalina de haber humillado a Gael y a su padre en el Club de Campo se había transformado en una excitación pura y dura, se sentía invencible, se sentía poderosa.
¿Te gustó? —preguntó él, deslizando un dedo por el borde de sus bragas húmedas—. ¿Te gustó verlos retorcerse?
Me encantó —confesó ella, y la verdad de esas palabras la golpeó. Se había convertido en la villana que León le ofreció ser, y le gustaba—. Me encantó ver a Gael asustado, me encantó que mi padre se callara.
León soltó una risa oscura contra su piel.
Esa es mi chica.
El coche frenó suavemente, habían llegado.
Apenas el vehículo se detuvo frente a la entrada principal, León abrió la puerta, no esperó al servicio, sacó a Nuria del coche casi arrastrándola, pero no con violencia, sino con una urgencia que a ella le hizo temblar las rodillas.
Entraron en la casa como un huracán.
¡Ágatha! —bramó León mientras cruzaban el vestíbulo—. ¡Tómate la tarde libre! ¡No quiero a nadie en el ala este!
Nuria apenas tuvo tiempo de ver si el ama de llaves estaba allí, León la guió o más bien la empujó suavemente hacia la cocina, esa cocina inmensa de granito negro y acero donde esa misma mañana habían desayunado con la tensión de un cable a punto de romperse.
León la levantó por la cintura con una facilidad pasmosa y la sentó sobre la isla central, apartando un frutero de cristal que cayó al suelo con estruendo, rodando manzanas por todas partes y a ninguno de los dos le importó.
Te lo prometí —gruñó León, colocándose entre sus piernas abiertas, sus manos aferrando los muslos de ella con posesión—. Dije que celebraríamos sobre esta mesa.
Nuria lo agarró de las solapas de la chaqueta, tirando de él hacia sí.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA