La entrada de La Fortaleza estaba abarrotada, al otro lado de las rejas, los flashes de las cámaras se podían distinguir, Rafael Alacazar con su mejor traje y con una cara de buen padre, un padre afligido, hablaba con reporteros de televisión mientras su abogado sostenia una carpeta de documentos en alto.
¡Solo quiero ver a mi hija! —gritaba Rafael para que los micrófonos captaran su desesperación—. ¡Su madre está destrozada en casa, sin saber si Nuria está bien!
León observaba la escena desde los monitores de seguridad en la cocina, con los brazos cruzados y una expresión de completa molestia.
Es bueno —admitió León—. Usa a tu madre como escudo emocional porque sabe que eso vende.
El juez le ha dado una orden de visita de emergencia —dijo Adrián, tenso—. Si no le abrimos la policía entrará por la fuerza, alegan que Nuria está retenida contra su voluntad.
La ley es moldeable. —León se ajustó los puños de la camisa—. Abre la reja, pero solo para Rafael, no quiero abogados ni cámaras, esto no es un circo y dile que es mi condición si quiere ver a Nuria, es propiedad privada y tengo derecho de admisión.
¿Y Nuria? —preguntó Adrián—. ¿Quiere que la baje?
—León miró hacia el techo hacia la habitación donde Nuria esperaba—. Ella no está lista para enfrentarlo cara a cara todavía, pero necesita saber quién es su padre realmente.
León tecleó un código en su tablet.
Adrián, activa el audio y el vídeo de la biblioteca en la televisión del dormitorio principal, quiero que Nuria vea y escuche cada palabra, es hora de que entienda por qué su madre nunca la defendió.
En el dormitorio Nuria vio cómo la pantalla gigante de la pared se encendía sola y como apareció una imagen nítida de la biblioteca de la mansión, vio a León entrar y situarse frente a la chimenea apagada y un momento después la puerta se abrió y Adrián le dio el pase a Rafael Alcázar, cerrando la puerta tras él.
Nuria se acercó a la pantalla con el corazón latiéndole en la garganta, su padre parecía más pequeño sin las cámaras delante, parecía… una rata acorralada.
¿Dónde está mi hija? —exigió Rafael sin preámbulos, olvidando su papel de padre amoroso en cuanto se cerró la puerta.
Está a salvo —respondió León tranquilo, sirviéndose un vaso de agua y no ofreciéndole nada a su invitado—. Lejos de ti y de tu yerno homicida.
Tengo una orden judicial, mi esposa está en casa con un ataque de nervios por culpa de esto y sino me entregas a Nuria, la prensa te destrozará.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA