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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 27

Gael Armand estaba sentado en el sillón de piel frente al escritorio de su suegro, con la cabeza entre las manos, su aspecto era deplorable: la ropa arrugada, la barba de dos días sombreando su mandíbula amoratada y los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño y el exceso de alcohol.

Me han congelado las cuentas, Rafael —dijo Gael, con la voz rota—. Los chinos se han retirado, León los llamó personalmente, les dijo lo de los terrenos.

Rafael Alcázar, un hombre que siempre había cuidado su apariencia de patriarca respetable, estaba de pie junto a la ventana, mirando el jardín de su mansión con las manos cruzadas a la espalda. Se giró lentamente, su rostro no mostraba compasión, solo un cálculo frío.

Te advertí que no subestimaras a tu tío —dijo Rafael con desprecio—. León es un tiburón y tú eres… un pez payaso jugando en el océano.

¡Hice lo que tenía que hacer! —Gael golpeó el brazo del sillón—. ¡Nuria se interponía! Si ella moría, el problema desaparecía y yo heredaba los terrenos, cerraba el trato con los asiáticos y tu fusión con Armand Holdings seguía adelante, ¡lo hice por los dos!

¡Pero fallaste! —gritó Rafael, perdiendo la compostura por primera vez—. ¡Fallaste en matarla y ahora ella está bajo la protección de León! ¿Tienes idea de lo que eso significa?

Rafael caminó hacia su escritorio y apoyó los puños sobre la madera.

Significa que Nuria va a auditar mis cuentas —confesó Rafael, bajando la voz—. Si León pone a sus contables a revisar los libros de Alcázar Constructions como parte del proceso de divorcio y división de bienes… va a encontrar el agujero.

Gael levantó la cabeza, interesado por primera vez.

¿Qué agujero?

Llevo cinco años maquillando los balances, mi empresa está en quiebra, la fusión con los Armand era mi única salvación. Si Nuria reclama su parte de la herencia materna o si León investiga… iré a la cárcel por fraude fiscal y malversación.

Gael soltó una risa histérica, incrédula.

Vaya, vaya… así que el gran Rafael Alcázar también es un fraude. —Gael se puso de pie, sintiendo que recuperaba una pizca de poder—. Estamos en el mismo barco, suegro, si yo caigo, tú caes, si León me destruye a mí, ten por seguro que te arrastraré conmigo.

Rafael palideció.

Tú no te atreverías.

Pruébame ya no tengo nada que perder.

Los dos hombres se miraron en silencio, midiendo sus fuerzas, era una alianza nacida del odio y la desesperación, las más peligrosas de todas.

Bien —dijo Rafael, alisándose la chaqueta—. No podemos atacar a León directamente, es demasiado poderoso ahora y Nuria está encerrada en La Fortaleza.

¿Entonces qué hacemos?

Atacamos la reputación y la moral. —Rafael se sentó y entrelazó los dedos—. Tú eres el marido dolido, yo soy el padre preocupado cuya hija ha sido "secuestrada" y "lavada del cerebro" por un depredador sexual. Vamos a ir a la prensa, pero no a la prensa rosa, vamos a ir a los tribunales de familia, voy a solicitar la incapacitación legal de Nuria alegando que sufre el Síndrome de Estocolmo.

Necesitamos un médico que certifique eso sin verla.

Tengo amigos en el colegio de psiquiatras que me deben favores. —Rafael sonrió, una mueca gélida—. Vamos a pintar a León como un monstruo pervertido que se aprovecha de su sobrina enferma. La presión social será tal que el Consejo de Armand Holdings no tendrá más remedio que destituirlo para salvar la imagen de la marca.

Gael asintió, viendo una luz al final del túnel.

Y cuando León caiga… Nuria quedará desprotegida.

Exacto, y entonces, "la traeremos a casa para cuidarla".

A kilómetros de distancia, en la seguridad de La Fortaleza, Nuria desconocía que su padre estaba firmando su sentencia de muerte social.

Estaba sentada en la terraza de su habitación, envuelta en una bata de seda de León, mirando el mar, se sentía extrañamente en paz, a pesar de saber que alguien había intentado matarla el día anterior.

León apareció por la puerta del dormitorio, llevaba una bandeja con el desayuno.

Deberías estar en la cama —dijo él, dejando la bandeja sobre una mesita de teca—. Ágatha dice que estás muy pálida.

Estoy cansada de estar acostada. —Nuria tomó una tostada—. León… he estado pensando.

Él se sentó frente a ella, escrutando su rostro con esa intensidad que siempre la hacía sentir el centro del universo.

Tengo el 10% de las acciones ahora y tengo los terrenos, soy rica, ¿verdad?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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