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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 58

Zúrich, Suiza. Cinco años después.

La sala de juntas del rascacielos de vidrio estaba en un silencio sepulcral, doce hombres de traje, ejecutivos agresivos de una multinacional farmacéutica, miraban con terror a la mujer sentada en la cabecera de la mesa.

Señores —dijo ella, con una voz suave pero que cortaba como una cuchilla de diamante—. Tienen dos opciones. Opción A: Aceptan la oferta de compra de mi cliente por el precio estipulado, que es generoso. Opción B: Mañana a primera hora, libero a la prensa los informes de toxicidad que su departamento de I+D ha estado ocultando durante tres años.

El CEO de la farmacéutica, un hombre arrogante que le recordaba vagamente a Gael, se puso rojo.

¡Eso es chantaje, señorita…!

Es abogada Valeria —le corrigió ella sin parpadear. Se ajustó las gafas de montura fina—. Y no es chantaje, es una estrategia de liquidación de activos hostiles y tienen cinco minutos para firmar o sus acciones valdrán menos que el papel higiénico de este edificio.

Se levantó tomó su bolso de Hermès y caminó hacia el ventanal dándoles la espalda, miró el lago de Zúrich gris y calmado y justo tres minutos después escuchó el rasgueo de un bolígrafo sobre el papel.

Está firmado —gruñó el CEO derrotado.

Valeria se giró, no sonrió, solo asintió.

Sabia decisión, un placer hacer negocios.

Salió de la sala con el sonido rítmico de sus tacones de aguja marcando el paso, su asistente, una joven suiza eficiente la esperaba fuera.

Brillante, Valeria. El bufete está celebrando, dicen que eres la "Reina de Hielo".

Que digan lo que quieran, mientras paguen mis honorarios —respondió Valeria, revisando su reloj—. Cancela mis reuniones de la tarde, tengo una cita con el hombre más importante de mi vida.

El ático de Valeria tenía vistas a los Alpes, era un espacio moderno, minimalista, decorado en blancos y grises.

Al entrar el silencio se rompió con un grito infantil.

¡Mamá!

Un niño de cinco años corrió por el pasillo y se lanzó a sus piernas, Valeria se agachó y por primera vez en el día la máscara de hielo se derritió y su rostro se iluminó con una ternura infinita.

Hola, mi príncipe. —Lo levantó en brazos y le besó las mejillas regordetas—. ¿Cómo te portaste con la abuela?

Bien, hicimos galletas, pero la abuela dice que como mucha masa cruda.

Valeria se rió y miró a su hijo Alex, tenía el cabello oscuro de ella, pero cuando el niño la miró, Valeria sintió la punzada habitual en el pecho, esos ojos grises de acero líquido, inteligentes, observadores, profundos, eran los ojos de León Armand.

Alex le acarició la cara con sus manitas.

Mamá… hoy en el cole, Lukas dijo que su papá lo va a llevar a esquiar el fin de semana.

La sonrisa de Valeria flaqueó un poco.

Qué divertido, nosotros también podemos ir a esquiar si quieres, el tío Mateo nos lleva.

Ya… pero Lukas va con su papá. —Alex bajó la mirada, jugando con un botón de la chaqueta de su madre—. Mamá… ¿mi papá también sabía esquiar?

Valeria suspiró, caminó hacia el sofá y se sentó con él en el regazo, era la pregunta recurrente y la pregunta que más dolía.

Tu papá era muy bueno en todo lo que hacía, Alex.

¿Y por qué no puede venir?

Porque está en el cielo, cariño. —Valeria le señaló las nubes a través del ventanal—. Tu papá tuvo que irse antes de que nacieras, pero él te quería mucho, eras lo más importante para él.

Era una mentira piadosa, la mitad era falsa (León no sabía que Alex existía) y la otra mitad era cierta (si León no fuera un traidor, lo habría amado), pero Valeria prefería que su hijo amara a un fantasma heroico que odiara a un villano vivo.

¿Me parezco a él? —preguntó Alex.

Tienes sus ojos y su inteligencia. —Le besó la frente—. Ahora ve a lavarte las manos, el tío Mateo viene a cenar y trae pizza.

¿Y los Vólkov? —preguntó ella.

Siguen ahí, Dimitri es viejo, pero sigue siendo el socio mayoritario en la sombra y Katya… bueno Katya sigue siendo la "Señora Armand" en las revistas, aunque mis fuentes dicen que viven en alas separadas de la mansión desde hace cuatro años, dicen que León es un monje adicto al trabajo.

No me importa su vida sexual —cortó Valeria, fría—. Me importa su dinero.

Bien porque tenemos la entrada perfecta. —Mateo deslizó el dedo por la pantalla—. He creado la sociedad instrumental que me pediste. "Phoenix Capital". Sede en Zúrich, fondos ilimitados (gracias a mi familia y a tus inversiones) y nadie sabe quién está detrás.

Valeria sonrió, era una sonrisa que daba miedo.

Vamos a presentarnos a esa licitación, Mateo. Phoenix Capital va a ofrecer un proyecto mejor, más barato y rápido que el de León.

León querrá conocer al dueño de Phoenix para intentar comprarlo o destruirlo.

Exacto y cuando consiga esa reunión… se llevará la sorpresa de su vida.

Mateo la miró con admiración y un poco de preocupación.

Han pasado cinco años, Valeria. ¿Estás segura de que estás lista para volver a verle? Ese hombre casi te mata.

Valeria miró hacia el pasillo donde se escuchaba a su hijo jugar, recordó el día del parto, como tuvo que ir en el camión, recordó a su madre escondiéndose y recordó el vídeo de Katya.

La chica que casi murió ya no existe, León va a conocer a Valeria y Valeria no tiene corazón.

Levantó su copa para brindar.

Prepara el avión privado, volvemos a casa.

¿A casa? —preguntó él.

—Valeria bebió un sorbo, con los ojos brillando con fuego helado—. Por un momento olvide que aquel nunca fue mi hogar.

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