El salón antes un remanso de elegancia y música suave se había convertido en un campo de batalla de gritos y flashes, los invitados de la élite de Andraka corrían hacia las salidas laterales, empujándose unos a otros, olvidando el decoro, pero no había salida, la policía federal tenía el perímetro sellado.
En el escenario Dimitri Vólkov estaba siendo esposado por dos agentes, el viejo león ruso rugía rojo de ira, escupiendo amenazas en su idioma natal.
¡León! —gritó Vólkov, forcejeando—. ¡Eres hombre muerto! ¡Te mataré! ¡Te arrancaré la piel a tiras!
León de pie junto al atril lo miró con una calma absoluta, se ajustó los puños de la camisa.
Tendrás que esperar sentado Dimitri —dijo León al micrófono, que seguía encendido—. Hay mucha gente en la cárcel que quiere hablar contigo primero.
A unos metros de allí en la mesa presidencial Katya intentaba escabullirse entre la confusión, agarrando su bolso de diamantes.
¡Alto! —Un agente le cortó el paso—. Ekaterina Vólkov, queda detenida por fraude fiscal, lavado de dinero y conspiración criminal.
¿Qué? ¡Suélteme! —chilló Katya, intentando abofetear al policía—. ¡Soy la esposa de León Armand! ¡Yo no he firmado nada! ¡Soy una víctima!
Tu firma está en las actas de constitución de las empresas fantasma de Panamá Katya —dijo la voz de León a su espalda.
Katya se giró con los ojos desorbitados por el rímel corrido.
¡Papá tú me hiciste firmar eso! —gritó ella—. ¡Me dijiste que eran papeles del seguro!
Leíste lo que firmabas o deberías haberlo hecho. —León la miró sin piedad—. La codicia te cegó querida, querías ser la dueña de todo ¿verdad? Pues ahora eres la dueña de una celda federal.
El policía le puso las esposas a Katya apretándolas fuerte.
¡León, por favor! —suplicó ella, cambiando de táctica, llorando—. ¡Soy tu mujer! ¡Sácame de aquí!
León no respondió, sus ojos ya no estaban en ella, estaban buscando a alguien entre la multitud.
León bajó del escenario ignorando a los periodistas que le ponían micrófonos en la cara y caminó con paso firme hacia la mesa de los "socios estratégicos".
Allí de pie tranquila en medio del huracán, estaba Nuria, León llegó hasta ella, no dijeron nada, no hacía falta, él le tomó la cara con ambas manos delante de todas las cámaras, delante de la policía, delante de la élite de la ciudad.
Nuria sonrió, se llevó la mano al pelo y se quitó un pequeño pasador dejando que un mechón rebelde le cayera sobre la cara, suavizando sus facciones afiladas, recordándole a la chica que una vez fue.
No soy Valeria —dijo ella—. Y no soy suiza.
Se acercó más hasta que pudo oler el miedo de Katya.
Soy la mujer a la que enviaste un vídeo porno para destruir su vida, soy la mujer a la que obligaste a huir embarazada en una tormenta, soy la mujer que enterraste simbólicamente hace cinco años.
Katya abrió los ojos de par en par, la miró, realmente la miró y vio los ojos marrones, entendió la verdad.
No… —susurró Katya, palideciendo—. Tú estás muerta en cenizas…
Las cenizas vuelan Katya —dijo Nuria, fría como el invierno—. Pero yo he vuelto, soy Nuria Alcázar y he venido a recuperar mi vida.
Katya soltó un grito ahogado de terror puro, era como ver a un fantasma.

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