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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 80

¡Es ella! —gritó Katya, señalándola con las manos esposadas, perdiendo la razón—. ¡Es la muerta! ¡Es la gorda! ¡Está viva!

Llévensela —ordenó León a los agentes.

Arrastraron a Katya fuera del salón gritando incoherencias, mientras Nuria la veía desaparecer con una satisfacción que le curó el alma.

Pero faltaba uno.

Nuria miró alrededor.

¿Dónde está? —preguntó a León.

Rafael no estaba en la mesa principal —dijo León, escaneando la sala—. Debe haber intentado huir cuando vio las pantallas.

La cocina —dijo Nuria inmediatamente—. Siempre huye por la puerta de servicio, es un cobarde.

Voy contigo.

—Nuria le puso una mano en el pecho—. A este lo cazo yo.

Rafael Alcázar corría por el pasillo de baldosas blancas resbalando con sus zapatos caros, llevaba una bolsa de tela donde había metido toda la plata que había podido robar de las mesas antes de salir corriendo, estaba sudando aterrorizado, sabía que Vólkov estaba acabado y que León lo sabía todo, tenía que llegar al puerto, coger un barco, huir a Marruecos…

Llegó a la puerta de carga trasera, la empujó pero estaba cerrada.

¡Maldita sea! —golpeó la puerta con desesperación.

No se abre desde dentro sin la llave maestra, papá.

Rafael se congeló y se giró lentamente.

Al final del pasillo bloqueando su única salida estaba una mujer vestida de azul cobalto, parecía una diosa de la venganza, Rafael entornó los ojos cegados por la luz fluorescente.

¿Nuria? —susurró temblando—. No… tú moriste yo enterré tus cenizas y lloré en tu tumba.

Tú lloraste porque perdiste tu herramienta de negociación con Vólkov —dijo Nuria, acercándose—. Lloraste porque sin mí León dejó de protegerte.

¡Hija! —Rafael intentó sonreír, abriendo los brazos, patético—. ¡Estás viva! ¡Es un milagro! ¡Dios mío Nuria, abrázame! Todo esto… todo lo hice por nosotros, para darte un futuro.

Nuria se detuvo a dos metros de él y recordó los años de manipulación y cómo la vendió a Gael, recordó cómo permitió que Vólkov amenazara a su madre.

No te acerques —dijo Nuria, su voz estaba vacía de emoción—. No tienes hija, tu hija murió en esa carretera hace cinco años, asesinada por tu ambición.

Rafael fue sacado a rastras dejando a Nuria sola en el pasillo con León, el silencio volvió a la cocina y solo se oía el zumbido de las neveras.

León se acercó a ella, vio que estaba temblando ligeramente porque la adrenalina estaba bajando, dejando paso al agotamiento.

¿Estás bien? —preguntó él, acariciándole el brazo.

Nuria respiró hondo, miró el pasillo vacío, se había acabado, Vólkov, Katya, Rafael y todos habían caído.

Sí —dijo Nuria mirándolo, sus ojos brillaban, pero esta vez eran lágrimas de liberación—. Estoy libre, por primera vez en mi vida… soy libre.

León sonrió y le ofreció su mano.

Entonces vámonos de aquí, tenemos a alguien esperando en el hotel que lleva cinco años esperando que su papá lo lleve a casa.

Nuria tomó su mano.

Vamos a casa.

Salieron juntos por la puerta de servicio dejando atrás el hotel, los flashes y el pasado, caminando hacia la noche de Andraka donde un futuro con ojos grises los esperaba.

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