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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 89

Celdas de aislamiento. 03:00 AM.

Vólkov se paseaba por la celda, hacía frío y llevaba horas esperando a su abogado.

La puerta metálica se abrió con un chirrido.

Vólkov se giró esperando ver a alguien con un maletín, pero vio un bastón de ébano golpear el suelo de cemento, Konstantin entró sin escoltas, solo él y su abrigo gris. Vólkov sintió que se le secaba la boca.

—Señor… —susurró—. Gracias a Dios, sabía que vendría, todo ha sido un malentendido. Rafael me mintió sobre la chica.

—Cállate, Dimitri —dijo Konstantin. Su voz no tenía rabia, solo un cansancio infinito—. Me duele la cabeza de escucharte mentir durante treinta años.

Konstantin se sentó en el único taburete de la celda y lo miró como quien mira una foto vieja que ha perdido el color.

—Me dijiste que Estefany era feliz y que la niña era hija del imbécil de Rafael, me hiciste enviar dinero para protegerlas y tú permitiste que vivieran un infierno.

—Lo hice por usted —lloró Vólkov, cayendo de rodillas—. No quería que sufriera, Estefany amaba a Rafael, yo solo…

—Tú solo querías el dinero —cortó Konstantin—. Y el poder y por tu codicia, casi mato a mi propia hija.

Vólkov se arrastró hacia él.

—Perdóneme, tengo familia, Konstantin y mi hija Katya, ella es inocente.

Al oír el nombre, Konstantin se levantó.

—Katya, tu orgullo y la niña de tus ojos.

—Sí. Por favor, máteme a mí, pero déjela en paz.

Konstantin se ajustó los guantes de piel.

—Tú me quitaste a mi hija, Dimitri, me quitaste verla crecer, me quitaste sus primeros pasos y me hiciste un extraño para ella.

El viejo ruso caminó hacia la puerta.

—No voy a matarte, eso sería demasiado rápido y benévolo para lo que te mereces, vas a quedarte aquí y vas a vivir muchos años en esta celda.

—¿Y Katya? —preguntó Vólkov, temblando.

—Katya ha sido trasladada esta mañana —dijo Konstantin sin girarse—. Prisión federal, lejos, muy lejos y lo mejor es que no tendrá visitas ni tendrá llamadas, estará sola en esa celda odiándote, porque por supuesto que sabrá que tu la vendiste y por eso la condenaron a esa prisión.

Vólkov gritó.

—¡No! ¡Es mi hija!¡No puedes hacernos esto, yo te he servido muchos años!

—Tú rompiste mi familia —dijo Konstantin—. Yo rompo la tuya, nunca volverás a saber de ella. Ojo por ojo, Dimitri. Hija por hija.

La puerta se cerró, dejando a Vólkov solo con su llanto.

Juzgados de Andraka.

León salió a la escalinata del juzgado, el sol de la mañana le molestó en los ojos después de tres días de oscuridad, se sentía sucio, cansado y viejo.

—Señor Armand —dijo Bruno Vane, apareciendo a su lado con un café en la mano—. Felicidades, es usted un hombre libre.

—¿Cómo? —León parpadeó—. Vólkov tenía comprados a todos.

—Digamos que Vólkov ya no tiene talonario y usted tiene un nuevo socio mayoritario.

León miró hacia la calle, no había prensa, solo había una limusina negra aparcada en doble fila con la ventanilla trasera bajó.

—¡Papá!

Alex salió corriendo del salón, seguido por Estefany. El niño se abrazó a las piernas de León, riendo, León se agachó y abrazó a los dos, a su mujer y a su hijo, cerrando los ojos, feliz de saber que la familia estaba completa.

Konstantin observaba desde el coche, apoyado en su bastón. Estefany lo miró desde la puerta, no hubo sonrisas entre ellos, solo una tregua silenciosa

Esa noche la casa estaba en silencio, pero era un silencio vigilado, León sabía que había hombres de Konstantin en el jardín, se sentía seguro, sí, pero también invadido. Nuria salió del baño, secándose el pelo con una toalla, León estaba sentado en el borde de la cama, mirándola.

—Parece un sueño —dijo él—. Hace 72 horas estaba en un agujero sin ventanas y ahora…

—Ahora estás en casa —dijo Nuria, sentándose a su lado. Le tomó la mano—. León, tenemos que hablar de mi padre.

—Konstantin.

—Sí, dice que se va a quedar un tiempo, que quiere "recuperar el tiempo perdido" y ha comprado la mansión de al lado.

León suspiró.

—Quiere controlarnos, es su naturaleza.

—Lo sé, pero salvó tu vida —Nuria le acarició la mejilla—. ¿Podemos intentar llevarnos bien? Por Alex, quiere tener un abuelo.

León besó la palma de su mano.

—Por Alex, haré lo que sea, incluso cenar con el diablo.

Nuria sonrió, pero la sonrisa se desvaneció rápido. Se puso pálida de repente y se llevó una mano a la boca y cerró los ojos, balanceándose un poco.

—¿Nuria? —León la sujetó por los hombros, alarmado—. ¿Qué pasa? ¿Estás bien?

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