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EL TIO DE MI EX: MI MEJOR VENGANZA romance Capítulo 96

León salió al porche con una taza de café en la mano y se frotó la cara, apenas había dormido un poco.

El jardín que solía ser un lugar tranquilo parecía un hormiguero, había gente moviendo sillas, desenrollando alfombras y montando una carpa blanca, lo absurdo era que, entre los floristas, había tipos con cara de pocos amigos y auriculares en la oreja revisando cada maceta.

Konstantin estaba en medio del césped, discutiendo con un pobre jardinero que sostenía unas tijeras de podar como si fueran un arma.

—¡Ese arbusto fuera! —gritaba Konstantin, señalando unos rosales—. ¡No se ve la entrada desde aquí! ¡Córtalo!

—Pero señor, son las rosas favoritas de la señora Estefany… —balbuceó el hombre.

—¡Me da igual! Si alguien se esconde ahí detrás, no lo vemos. ¡Córtalo a ras de suelo!

León suspiró y bebió un trago largo de café, su boda, el día que se suponía que iba a ser especial se había convertido en esto: gritos, paranoia y poda de jardines por seguridad.

Bruno Vane se acercó a él, guardándose el móvil en el bolsillo.

—Tu suegro se lo toma muy en serio.

—Se lo toma como si fuera un ataque, no una boda —dijo León—. ¿Tenemos los papeles?

—El juez llega mañana a las once, todo listo con separación de bienes y el fideicomiso para los niños, Konstantin insistió en una cláusula extra: si a ti te pasa algo, la custodia legal pasa a Nuria y a su madre, bloqueando a cualquier pariente tuyo.

—Quiere asegurarse de que la familia de Gael no pueda reclamar nada.

—Exacto. —Bruno miró la carpa—. Por cierto, solo vienen veinte personas, tu gente de confianza, la madre de Nuria, el equipo médico y el cura. Nada de prensa, nada de amigos lejanos.

—Mejor, cuanta menos gente.

Konstantin se acercó a ellos, cojeando un poco más de lo habitual por la humedad de la mañana. Parecía cansado, pero sus ojos no dejaban de moverse de un lado a otro.

—El perímetro norte es débil —dijo sin saludar—. He mandado poner más focos León, tu traje ha llegado está en tu habitación, pruébatelo, no quiero sorpresas mañana.

—Yo creo que las balas no saben leer papeles. —Estefany la miró a los ojos y le apartó un mechón de pelo—. Pero creo que León te quiere y eso es lo único real en esta casa de locos.

La puerta se abrió y Konstantin entró, se quedó parado al ver a Nuria con el vestido. Hubo un silencio incómodo, era un momento raro, de un hombre que no conoce a su hija intentando conectar con ella.

—Te pareces a tu abuela —dijo al final.

—Hola, papá. ¿Vienes a ver si llevo chaleco antibalas debajo?

Konstantin soltó una media sonrisa.

—Lo pensé, pero se notaría. —Sacó una caja plana de terciopelo azul del bolsillo de su chaqueta—. Ten, algo prestado.

Nuria abrió la caja, era una gargantilla vieja, de zafiros oscuros, se notaba que tenía años, el oro estaba un poco desgastado, y Estefany se llevó una mano a la boca.

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