Entrar Via

EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO romance Capítulo 29

CAPÍTULO 29. Una revelación peligrosa

Henry apretó el cuaderno con tanta fuerza que los bordes se hundieron entre sus dedos. Era como si, estrujándolo, pudiera sacar también el dolor que le había atravesado el pecho al leer esas palabras. No podía creer que fueran ciertas, porque era como echarse a los hombros una condena más… pero solo había una forma de averiguarlo.

Se lanzó por las llaves del auto y bajó al estacionamiento arrastrando los pies, con la cabeza dando vueltas, y el corazón martillando con cada paso. Cuando se sentó tras el volante, el mareo lo golpeó con fuerza, las manos le temblaban, y por un instante pensó que la resaca le pasaría factura. Pero la impotencia y la necesidad de saber eran más feroces, así que sacó el teléfono y marcó el número de Camilo sin pensarlo dos veces.

“¿Henry?” La voz de su amigo sonó un poco espantada y otro poco preocupada. “¿Qué pasó? ¿Ya te echaron de casa?”

—No, Camilo… —dijo Henry, intentando sonar firme, aunque su voz temblaba—. Vuelve por mí. Necesito que me lleves a un lugar. ¡Es urgente!

“¡¿Ahora?!” rezongó Camilo. “¡Nop, definitivamente no es buena hora!”

—¡Te digo que es urgente!

“¡Joder que no se te puede contestar ni una llamada! ¡Déjame en paz, estoy…!” Hizo un sonido de fastidio que bien podía terminar en un puchero. “¡…estoy follando, hermano!”

Henry apretó los dientes, conteniendo la desesperación que quería salir.

—¡Pues reagenda la puta cita, Camilo! ¡Esto es importante, de verdad! ¡Tienes que ayudarme! ¡Además ahora me sé tu hora de follar y si no me ayudas, voy a molestarte todos los días a esta hora!

“¡Henry!” gruñó Camilo, incapaz de ignorarlo. “¡Como un demonio, odio ser tu amigo! Espera, voy para allá”.

Henry colgó y apoyó la frente contra el volante, dejando que el frío del cuero le calmara un poco la cabeza. La madrugada avanzaba lentamente, silenciosa, y cuando al fin vio el auto de Camilo acercarse, algo dentro de él respiró de alivio.

Se acercó apresurado a la puerta del copiloto, pero miró todo antes de subir.

—¡Entra ya! —le gritó Camilo—. No hice nada en el asiento del copiloto… ¡pero mejor no toques nada en el asiento trasero!

—¡Cochino! —le dijo Henry.

—¡Que te subas, coño!

Camilo dio un golpe al volante y arrancó, y Henry se agarró con fuerza tratando de contener todo lo que sentía, La ciudad estaba dormida, y el tráfico de madrugada parecía un río silencioso.

—¿A dónde vamos? —preguntó Camilo, con la curiosidad mezclada con irritación.

—Al 371 de Maddison Drive, en Queens —respondió Henry, tratando de sonar más seguro de lo que se sentía—. Tengo que comprobar algo.

—¿Comp…? ¿Comprobar…? ¡Mira, si vamos a espiar si Rebcca se acuesta con otro, te juro que te mato! —le advirtió Camilo enseñándole el puño.

CAPÍTULO 29. Una revelación peligrosa 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO