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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 321

Santiago permaneció de pie a un lado, sin sentirse incómodo; al contrario, dejó escapar un suspiro pesado en su interior.

Ya estaba acostumbrado a la forma en que Sofía lo rechazaba.

Sacó una silla y se sentó junto a ella.

—Ya descubrimos quién está detrás del atentado contra Bea.

La mano de Sofía, que sostenía el biberón, se quedó en el aire. Finalmente, abrió la boca, ronca y con dificultad:

—¿Quién?

Solo esa palabra le bastó a Santiago para sentir un escalofrío recorriéndole la espalda.

—¿La niñera?

Sofía soltó una risita desdeñosa y, de golpe, alzó la mirada, clavando los ojos en Santiago.

—¿De verdad cree el presidente Cárdenas que solo una niñera se atrevería a meterse con Bea?

Santiago frunció el ceño ante el tono de ella.

—¿Y eso qué significa?

—¿Y Isidora? ¿La investigaste? —insistió Sofía, ahora más incisiva que nunca.

Santiago sintió cómo la actitud de Sofía se volvía cada vez más agresiva, y algo le apretó el pecho.

Con todos podía ser amable, incluso alguien como Maite, a quien apenas conocía, recibía una sonrisa de su parte. Pero con él, era como si hablara con su peor enemigo, obligándose a mantener una paz superficial que podía romperse en cualquier momento.

No podía evitar sentirse amargado por dentro, y su voz salió más dura de lo que pretendía:

—¿Qué tiene que ver Isidora? Ya revisé todas las cámaras de la casa y las pruebas; la niñera fue captada vendiendo medicinas a alguien de fuera. Ella misma lo confesó: tú la regañaste y, resentida, actuó por impulso. ¿Eso no basta como prueba?

—O dime, Sofía, ¿qué es lo que tú quieres?

Apenas lo dijo, Sofía se detuvo, levantó la mirada y sus ojos brillaron con una luz gélida.

El ambiente en la habitación se sintió tan tenso que casi se podía romper con los dedos.

—Santiago, ¿una niñera de verdad se atrevería a hacerle algo a la hija de sus patrones por una tontería así? ¿Debería decirte ingenuo?

Sofía lo miró de frente, cortante, sin ni un solo ápice de compasión.

En sus ojos había una determinación que helaba la sangre, como si el viento más helado del invierno le atravesara el pecho a Santiago.

Él se quedó congelado, dándose cuenta de que, tal vez, Sofía tenía razón.

¿Y si todo era más complejo?

Pero...

Santiago apretó los puños.

—Revisé todas las grabaciones posibles, llamé a cada persona que podía ayudar y no encontré nada que involucre a Isidora. Si tú dices que fue ella, no hay una sola prueba que lo respalde.

Su afirmación solo provocó que Sofía se riera por lo bajo; su voz, afilada como una daga, retumbó en la habitación vacía, cargada de burla.

La enfermera se encogió, temerosa.

Sofía escuchaba tranquila, pero apenas oyó el nombre de Santiago, la furia le volvió al rostro.

—¿Ahora resulta que necesito su permiso para irme? Si se atreve a reclamarles, que venga a buscarme a Villas del Monte Verde.

Al terminar, le dejó a la chica su número anotado en un papel, sin dudarlo un segundo.

Sofía la miró fijamente, repitiendo:

—Ahora mismo quiero salir de aquí.

La enfermera, un poco desorientada, terminó cediendo ante la presión.

...

Al poco tiempo, Sofía salió del hospital con Bea en brazos. Su figura alta y elegante llamó la atención de todos, y más de uno murmuró apenado al ver a la niña en sus brazos, apartando la mirada con pesar.

Ignorando las miradas, Sofía subió a un taxi y le pidió al conductor que la dejara en una esquina. Ahí ya la esperaba Teresa Bernal.

—Teresa, te encargo a Bea. No puedo confiarle a nadie más en este momento.

Teresa asintió velozmente y, en un abrir y cerrar de ojos, se llevó a la niña.

Sofía subió de nuevo la ventanilla del taxi. Sus ojos perdieron toda calidez.

Ya que Santiago no haría nada, entonces ella misma buscaría venganza.

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