Entrar Via

El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 322

—Señor, lléveme al departamento que le mandé por mensaje.

El conductor se quedó sorprendido.

—Chiquilla, ese edificio es donde viven los de la familia Olivetto, pura gente de peso… ¿segura que quieres ir ahí?

Mientras hablaba, no perdió la oportunidad de mirarla por el retrovisor. Aunque ya la había visto varias veces, cada vez que la observaba, quedaba igual de impresionado. Sofía asintió en silencio, apretando las manos con fuerza bajo la manga.

...

—Llegamos.

En cuanto el carro frenó, Sofía bajó, se despidió del conductor y cerró la puerta tras de sí. Delante de ella se alzaba un edificio elegante, de esos que solo con verlos sabes que cuestan una fortuna. Las palabras del chofer seguían dando vueltas en su cabeza.

Gente de peso… ¿se refería a Isidora?

¿De verdad la misma Isidora que en la universidad no hacía más que perder el tiempo, ahora era considerada una figura importante? ¿Nadie se había dado cuenta de quién era en realidad? ¡Eso… eso era lo que le pertenecía a ella!

Sofía apretó los labios, sintiendo cómo la rabia le subía por la garganta, y entró decidida.

—Señorita, ¿me permite…?

El guardia de seguridad la detuvo rápido, pero Sofía apenas lo miró de reojo y le soltó su nombre.

—Déjeme pasar.

Su voz sonó tan cortante que el guardia dudó por un segundo. ¿Serían hermanas las Rojas? Al fin la dejó entrar.

...

—Toc, toc.

—¿Quién es?

Isidora, sin despegar la mirada del celular, abrió la puerta de mala gana. Al ver que no pasaba nada, levantó la vista, visiblemente molesta… pero al encontrarse con la escena, se quedó helada.

Sofía estaba ahí, parada en la entrada, mirándola directo, con una media sonrisa tan inquietante que le puso la piel de gallina.

El corazón de Isidora comenzó a latir desbocado. Forzó una sonrisa nerviosa.

—¿Sofía? ¿Qué haces aquí…?

—¡Ah!

Antes de que terminara de hablar, Sofía empujó la puerta con fuerza y, sin darle tiempo de reaccionar, la tomó del cabello.

El dolor fue tan agudo que Isidora sintió como si le arrancaran el cuero cabelludo. Sus ojos se abrieron como platos.

—¿Qué te pasa? ¡Aquí hay cámaras! ¿Te volviste loca?

—Gracias por recordármelo —rio Sofía, con un tono gélido.

Isidora gritaba, pero Sofía la arrastraba hacia adentro sin inmutarse, como si no escuchara nada. Toda la fachada amable de Isidora se desmoronó, y el miedo la invadió por completo.

—¡Ayuda! ¡Alguien, ayúdenme!

—¿Ayuda? —repitió Sofía, burlándose, y tiró de su cabello aún más fuerte. El rostro de Isidora se deformaba de dolor.

—¿Qué quieres, Sofía?

En ese momento, la mano de Sofía se detuvo en el aire. Por un instante, Isidora pensó que había logrado convencerla y se atrevió a soltar el aire… pero Sofía ladeó la cabeza, con un gesto inocente.

—¿Yo mencioné a Bea?

Isidora se quedó boquiabierta, sintiendo cómo se le helaba la sangre.

En un abrir y cerrar de ojos, Sofía le sujetó el cuello con fuerza. A pesar de haber salido hace poco del hospital, la fuerza que había ganado en la cárcel se notaba. Isidora, mimada y débil, no tenía ni oportunidad de zafarse.

Sofía apretaba sin piedad, obligándola a agachar la cabeza, mientras en sus ojos se acumulaba el enojo.

Cada vez que veía a Isidora, la escena de aquel día volvía a su mente. El miedo la perseguía incluso en sueños: Bea temblando, tirada en el suelo, mientras Isidora y la sirvienta se reían viendo su sufrimiento, como si fuera un espectáculo.

Perdida en sus recuerdos, Sofía no aflojaba la presión.

Isidora sentía que se iba a desmayar. Intentó hablar, pero Sofía la jaló del cabello antes de que pudiera articular palabra.

—¡Si Santi se entera de esto, no te lo va a perdonar! —balbuceó Isidora, aterrada, viendo cómo Sofía se acercaba cada vez más.

Pero Sofía ni se inmutó. Dos palmadas más estallaron en la cara de Isidora.

—Te lo advertí. No te metas conmigo ni con mi hija —le soltó, con una mirada que parecía hecha de puro hielo.

—¡No… no fui yo! ¡Santi ya te ayudó a descubrir la verdad! —Isidora estaba hecha un ovillo, temblando de miedo.

Sofía la miró con desdén.

—¿Qué le diste a la sirvienta para que se quedara callada?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Valiente Renacer de una Madre Soltera