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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 409

Oliver observó a todos con una chispa de orgullo y emoción en los ojos, aunque hizo un esfuerzo por contenerse para mantener su imagen.

Se aclaró la garganta con fingida calma.

—A ver, díganme, ¿cuánto creen que puede valer este vestido de novia?

Los inspectores se pusieron de inmediato en posición, sus rostros serios como quien se enfrenta a un tesoro.

—Señor Rojas, este vestido de novia es una joya única —comentó uno de ellos sin rodeos—. Si se subasta, va a causar un revuelo tremendo. No podemos darle una cifra exacta por ahora, pero dejando de lado el trabajo artesanal y el renombre del diseñador, solo considerando el valor de la tela y las joyas, le aseguramos que no baja de trescientos millones de pesos.

Al oír la suma, a Oliver casi se le borra la compostura.

Y eso que era el mínimo.

Sus ojos se deslizaron con avidez por el vestido impecable, surgiendo en su interior una pregunta que no lograba apartar de su mente.

Un vestido cualquiera, así de la nada, podía valer trescientos millones. ¿Cuánta fortuna tenía realmente la familia Santana?

El corazón de Oliver palpitaba con fuerza, notando cómo le sudaban las manos mientras seguía mirando el vestido, incapaz de apartar la vista.

¿De verdad estaba haciendo lo correcto con todo esto?

Por primera vez, Oliver sintió una punzada de duda.

Ese vestido de novia, la familia Santana lo había enviado para su boda con Ivana.

Ivana era la única hija de los Santana, aunque después él había roto toda relación con la familia, sin miramientos.

En ese entonces, era joven, y aunque lo que buscaba era el dinero y el estatus de Ivana, también tenía sus quejas por cómo lo trataban los Santana.

Al final, solo se casaron por el civil, sin boda ni celebración, así que el vestido terminó guardado y bajo llave en el ático.

La casa, de hecho, formaba parte de lo que la familia Santana le dejó cuando cortaron lazos, pero Ivana nunca lo supo. Oliver la convenció de que él mismo la había comprado para arrancar en Olivetto.

—Les doy más tiempo para terminar la valuación —dijo apretando los labios—, pero nadie debe enterarse de la existencia de este vestido.

Dejó de lado sus recuerdos y se puso serio.

Los inspectores, conscientes del valor del vestido y sabiendo que la familia Rojas no tenía esa capacidad económica, asintieron con solemnidad, prometiendo guardar el secreto, aunque le suplicaron a Oliver que no vendiera la prenda a algún competidor.

...

Cuando los inspectores se marcharon, Oliver llamó por teléfono a Ivana.

Trató de sonar convincente, casi suplicando.

Ivana solo sintió un vacío amargo por dentro.

—¿Sí? ¿Eso era todo entonces?

Bajó del carro y caminó rápido hacia la casa, justo cuando Oliver, apurado, iba en esa dirección.

—Iva, ¿por qué no avisaste que ya estabas afuera? Así iba por ti.

Quizá por la prisa o por la culpa, Oliver tenía la frente empapada de sudor.

Ivana lo miró detenidamente.

Tal vez porque ya no podía aguantar el peso del secreto, apretó los dedos y levantó la vista con decisión.

—Leonor Medina... ella sigue viva, ¿verdad?

Los ojos de Oliver se abrieron por completo.

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