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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 839

Esa respuesta tan displicente captó de inmediato la atención de Marcos.

—Parece que el presidente Cárdenas le hace honor a su reputación; es exactamente igual a lo que dicen los rumores.

Marcos sonrió con un aire de excesiva amabilidad.

—Sofía, qué pena, no sé si habrá oportunidad de cenar contigo.

Marcos no siguió discutiendo con Santiago, sino que miró sonriente a Sofía, dirigiéndose desde el primer momento a la persona con la verdadera autoridad.

—Por supuesto, solo es cuestión de poner un cubierto más.

Sofía sonrió y cargó a Bea hacia adentro, ignorando por completo a la figura alta que estaba a su lado.

Santiago apretó los puños bajo las mangas de su traje, pero lo único que podía hacer era seguirlos.

Si hasta ese tal Marcos era digno de «un cubierto más», ¿por qué él no?

Aprovechando la multitud en la entrada, entró al restaurante pegado a ellos.

Sofía y los demás eligieron a propósito la mesa redonda más grande del centro, creando un ambiente muy animado.

Santiago, con total descaro, se sentó junto al grupo.

—Señorita Estela, de verdad le agradezco mucho la enseñanza que le ha dado a Federico en este tiempo.

Recién le habían servido la copa de vino frutal a Sofía, cuando ella la alzó para brindar hacia Estela.

Estela, sintiéndose halagada y nerviosa, se apresuró a devolver el gesto.

Sofía bebió de un trago, sonriendo sin decir nada más.

Sin embargo, Estela sintió inexplicablemente como si tuviera espinas en la espalda.

—Es mi deber. Y gracias a usted, señorita Sofía, por darme esta oportunidad.

Estela sonrió y no pudo evitar pasarse la mano por la frente, notando que ya tenía una fina capa de sudor.

Disimuladamente, sacó un pañuelo de papel y se secó.

—Disculpe, señorita Maldonado, ¿de dónde es usted? Por su acento y sus modales, no parece ser de aquí.

Maite también arqueó las cejas y le sacó plática.

Estela sintió que la curvatura de la sonrisa de Maite escondía un cuchillo.

Bajo la mesa, apretó las manos.

—Cierto, no soy local. Soy de Santa Fe, pero la presión laboral allá es demasiada, así que después de graduarme vine a trabajar a Olivetto.

Estela tragó saliva y respondió con cautela.

—Yo también me gradué de la Universidad de Santa Fe. Me sorprendió mucho cuando me enteré.

Los ojos de Sofía brillaron y miró a Estela con cierta calidez.

Pero Estela no se atrevió a distraerse ni un segundo; asintió con la espalda completamente rígida.

—¿Por qué siento que la señorita Maldonado está tan nerviosa?

Sofía la miraba con una sonrisa, apoyando la barbilla en su mano. Su tono era suave, pero la pregunta hizo que Estela tragara grueso y forzara una sonrisa tensa.

—Es que es la primera vez que como con todos ustedes, es inevitable.

Estela fingió una sonrisa.

Esther alzó una ceja:

Capítulo 839 1

Capítulo 839 2

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