Al perder de vista a la mujer, Bea volvió a la calma en la casa y se puso a jugar tranquilamente con sus muñecos en el corralito. Teresa estaba cada vez más segura: ¡esa persona tenía algo raro!
—¿Teresa?
Maite salió del estudio sin que se diera cuenta y tocó la puerta de la habitación. Teresa volvió en sí. Maite estaba en la puerta con el bolso en el brazo, lista para salir.
—Tengo que salir un momento. Si Sofía regresa y pregunta, avísale.
—Ah, claro que sí —respondió Teresa.
Maite tomó las llaves y se fue. Acababa de contactar a algunos amigos profesionales del sector. Aunque el plan de Sofía seguía en marcha, lo que Maite podía hacer ahora era ayudar a evaluar los castigos legales que podrían caer sobre los Rojas y Rafael; obviamente, cuanto más severos, mejor.
Maite aceleró el paso con eso en mente. Mientras tanto, Esther ya había llegado a la entrada de Grupo Garza. Como Sofía había filtrado la noticia del arresto de Rafael, siempre había algunos reporteros acechando fuera de la Torre Garza.
Esther los esquivó y entró con cuidado por la puerta trasera. Poco después de entrar, interceptó a una empleada de limpieza.
—¡Soy yo! —Una mano sujetó el brazo de la mujer que empujaba el carrito de basura, asustándola.
Esther bajó la voz, se descubrió la cara y le guiñó un ojo. La mujer suspiró aliviada.
—¿Señorita Esther? ¿Qué hace aquí? —Dijo mientras miraba a todos lados.
Esther notó su nerviosismo y preguntó:
—¿Qué pasa? Pareces culpable de algo.
La mujer abrió los ojos desmesuradamente.
—¡Qué culpable ni qué nada! ¡Es que usted no sabe!
En ese momento, Esther le metió un fajo de billetes en el bolsillo. Al sentir el peso extra en la cintura, la mujer se quedó pasmada un segundo y luego sonrió de oreja a oreja. Rápidamente arrinconó el carrito y llevó a Esther a su cuarto de servicio.
Una vez cerrada la puerta del pequeño espacio lleno de trastos, donde solo cabían ellas dos, Esther frunció el ceño.
—¿Qué está pasando exactamente?
Para entender a fondo Grupo Garza, Esther había conocido a empleados de todas las áreas. Renata Vega era una de ellas, pero antes no tenía esa actitud.



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