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Embarazada de tu rival: Ahora soy la Señora Fonseca romance Capítulo 11

Mientras tanto, en la exclusiva boutique, justo antes de que la gerente guiara a Iris Paredes al probador, Alicia recibió una llamada de una clienta adinerada que pedía detalles sobre los artículos de la subasta benéfica de mañana. Alicia tuvo que salir hacia el auto para buscar los documentos.

Iris entró sola al probador. La asesora de ventas le entregó el vestido y se retiró. Ella tomó la prenda, se quitó su abrigo blanco y sus jeans, y se puso el elegante vestido de noche con escote palabra de honor. De repente, un sonido de tela rasgándose resonó a su espalda.

La parte trasera del vestido se había abierto por completo. ¿Acaso había subido de peso recientemente?

Un diseño a la medida no debería tener tan mala calidad.

Mientras trataba de entender qué pasaba, la manija de la puerta del probador comenzó a girar bruscamente.

Se sobresaltó.

Por suerte, había puesto el seguro al entrar, así que nadie podía abrir desde afuera.

—Alicia, ¿eres tú? —preguntó en voz baja, pero la única respuesta fue el forcejeo violento de la manija.

El pánico comenzó a invadirla.

—¿Quién está ahí afuera?

—¡Qué inútiles! Si no pueden abrir, ¡tiren la puerta abajo! —exclamó de pronto una voz que conocía demasiado bien.

—Preparen las cámaras, voy a patear la puerta.

Otra voz, esta vez masculina, se mezcló con el incesante sonido de los obturadores de las cámaras.

A través del vidrio esmerilado, Iris vio una sombra oscura retroceder, preparándose para dar la patada. En ese instante, la abertura en la espalda de su vestido cedió aún más y la tela se deslizó desde su pecho, dejándola completamente expuesta. Si los medios lograban captarla en esa situación tan humillante...

Su reputación quedaría arruinada para siempre.

Todo ocurrió en cuestión de segundos. Desesperada, empezó a gritar.

—¡Alicia! ¡Gerente! ¡Ayuda!

Pero antes de que alguien pudiera auxiliarla, un golpe brutal estremeció la puerta, estallando en sus oídos con un estruendo ensordecedor.

Los flashes de las cámaras iluminaron frenéticamente el interior del probador...

—¡¿Dónde está?! —exclamó alguien, dándose cuenta de que algo andaba mal.

En ese momento, Iris salió del probador de al lado. Se paró en el umbral, con una expresión gélida.

—Ya llamé a la policía. ¡Ninguno de ustedes va a salir de aquí!

Su bolso y su teléfono se habían quedado en el otro cubículo; solo estaba fanfarroneando.

Su voz, cargada de un frío cortante, se dirigió al grupo de intrusos que se giraron horrorizados. Su mirada se clavó en el rostro pálido de Bárbara Jiménez, quien estaba más cerca de ella.

Capítulo 11 1

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