Los celos.
- “Lo siento, Bruce Wayne, hoy tengo trabajo, como acompañante de un atractivo millonario, actor, y no puedo llamarte, te llamó mañana, te envió la foto de los atractiva que voy, para que esta noche sueñes conmigo.”- escribió la descarada modelo, ante la maldita costumbre que tenía ese hombre de no responderle nunca, si no era para hablar de cosas de Roy, Mia, y Hanna, ese maldito Batman, ni la contactaba.
Le había enviado la foto que se había hecho frente al espejo, donde su traje rojo, de seda ajustado, sin asillas junto a su pelo rubio suelto y ondulado, con los labios rojos y voluptuosos, y el especial maquillaje de los ojos, que los hacían más grandes y expresivos, hacían creer que, la misma Marilyn Monroe, había regresado a la vida.
Bea esperaba que su plan diera resultado que, durante la noche, ese hombre la llamara, la primera llamada que él le hiciera por sólo saber de ella tenía que saber si su Batman, era celoso, aunque debido a la resistencia que estaba teniendo últimamente hacia la rubia, comenzaba a dudarlo, y era una pena porque, cada día, Bea, se enamoraba, y se obsesionaba más de ese Batman, nunca, ningún hombre se le había resistido tanto, como lo hacía Fletcher Gordon, y eso la volvía loca.
Pero como ella le había dicho a Ailan, la segunda heredera Miller Beatriz:
- “Sólo es cuestión de tiempo, y si mis cálculos no fallan, más pronto de lo que mi Batman cree, caerá en mis brazos. Catwoman, a mi lado, es una niñata vestida de negro, con cola y orejas de gato.”- dijo la segura rubia, y justo por eso, estaba tentado su suerte.
Esa noche para evitar la llamada de la bruja acosadora, el asistente aprovecho su día libre para hacer algo de ejercicio, así que, tras correr veinte kilómetros, regreso a su apartamento, tras ducharse, y vestirse informal, con una camisa básica y un vaquero, cogió su móvil, para revisar el correo, y ver si la bruja tentadora lo había llamado.
No había llamada, pero si diversos mensajes. Al abrirlos no podía creer lo que estaba leyendo, en el primero que leyó, esa maldita mujer le decía que iba a trabajar de acompañante, para otro hombre, sabía que no era algo sexual, él ya conocía los trabajos de la bruja acosadora, pero por alguna razón, no le gusto que saliera a divertirse con otro hombre, aunque sólo fuera trabajo.
Los otros mensajes eran fotos, en la primera se veía a la bruja más tentadora y seductora que nunca, con un vestido que para el asistente debía de estar como mínimo censurado, porque provocaba alteraciones en el ritmo cardiaco, sobre todo si lo llevaba una mujer que, ya en sí, aunque llevara puesto saco de arpillera, era un peligro para el autocontrol de la raza masculina de este mundo.
Pero la segunda foto era peor, en ella se veía, como un tractivo actor muy reconocido, mientras cogía a la bruja de la cintura, posando los dos sonriente ante la cámara, en un gran salón que el asistente reconoció enseguida, por ser unos de los salones de eventos más famoso de la cadena de hoteles Miller, en Londres.

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