Al principio, Fer pensaba que Sara y Valeria la trataban mal por no venir de una familia de dinero y no estar a la altura de Isaac.
Pero luego se dio cuenta de que Valeria era demasiado posesiva; sentía que sus tres hermanos le pertenecían y no tenían derecho a enamorarse o tener una vida propia.
Pensando en esa familia tan tóxica y enferma, Fer a veces sentía mucha lástima y pena por Alba.
—Albita, a veces pienso en cómo puedes mantenerte tan cuerda en una familia así, eres increíble de verdad.
La voz de Fer era suave, y en sus ojos se notaba el cariño que le tenía.
Alba sonrió levemente al escucharla; su sonrisa desprendía una cálida sensación:
—No pasa nada, ya me fui de esa casa y de todos modos no van a poder pisotearme nunca.
Un brillo astuto cruzó por su mirada.
—Me fascina verles la cara de frustración, ver cómo caen lentamente desde lo más alto. Ese espectáculo es mejor que cualquier película.
—Ay —Fer soltó un suspiro, frunciendo el ceño sin darse cuenta—, tus hermanos no tienen nombre, sobre todo el idiota de Isaac.
Su tono estaba lleno de enojo e indignación.
—Mírate nada más, teniendo una hermana tan buena y él ni siquiera te defiende, está completamente ciego.
—Se nota que ya superaste a Isaac por completo —dijo Alba, lanzándole una mirada con segundas intenciones.
—Así es —Fer levantó ligeramente la barbilla con un destello de confianza en los ojos—. Ese viaje que hice para prepararme no podía ser en vano.
Su tono se volvió más alegre:
—Incluso logré lanzar a la fama a varias estrellas por allá.
—Qué bueno que volviste; quiero que una mánager tan experimentada como tú me ayude a entrenar a los nuevos artistas y crear las próximas estrellas del momento.
Con sus amigas, Alba siempre iba directo al grano:
—Ah, y Tamara también se unirá a nosotras.
Tamara Saldaña era la otra mejor amiga de Alba, y Fer también la conocía. Las tres habían ido a la misma universidad, solo que en distintos semestres.
Tamara era excelente para las relaciones públicas y las operaciones de negocios. Antes trabajaba en una corporación muy importante, pero su jefe era un cerdo que siempre intentaba sobrepasarse con ella.
Como Tamara tenía mucho carácter, jamás iba a permitir que nadie se pasara de listo, así que se le plantó a su jefe y terminó despedida.
Pero ese despido resultó ser una bendición, pues ahora Alba podía contratarla para su propia agencia sin ningún problema.

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