Al ver a Luis Urbina con intenciones de hablar pero dudando en hacerlo, Alba decidió ser completamente directa.
Mientras charlaba con Lucas, no había dejado de notar cómo cambiaba la expresión en el rostro del diseñador.
—Sí, precisamente por eso... —respondió Luis con amargura.
Por esa misma razón había pasado los últimos años relegado a hacer tareas irrelevantes y de poco prestigio.
Aunque de vez en cuando le permitían diseñar, cada obra suya tenía que pasar primero por las manos de Isaac Moreno.
Ese hombre, siguiendo sus propios y cuestionables gustos, modificaba los diseños hasta dejarlos irreconocibles. Al final, el trabajo ya no le pertenecía a Luis.
Pero la empresa era de ellos, ellos daban las órdenes, y por mucho que se quejara, nada cambiaría.
Solo se arrepentía de haber sido tan joven e inexperto en su momento, firmando un contrato leonino que lo ataba de pies y manos.
—Pierde cuidado. En el momento en que entres a mi empresa, serás mi diseñador de imagen exclusivo. Jamás interferiré en tus creaciones ni en tu proceso artístico.
—Pronto se celebrará un gran concurso de modelaje, seguro ya te enteraste. Yo ya me inscribí y quiero que seas el responsable absoluto de mi imagen.
—Valeria también va a participar, y es un hecho que Isaac será quien la asesore. Así que tendrás que dar lo mejor de ti, aunque estoy convencida de que tienes el talento de sobra para barrer el piso con él.
Alba había revisado a fondo el portafolio de Luis; su estilo era único y tenía una gran versatilidad para dominar las tendencias más explosivas del mercado.
Con una base de diseño tan sólida, Alba no dudaba de que Luis lograría que ella deslumbrara a todos en el concurso.
Además, recordaba a la perfección lo mucho que Pablo Moreno odiaba a Luis, solo porque el talento del diseñador superaba con creces el de la familia y Pablo no soportaba admitir que alguien fuera mejor que ellos.
Si lograba que Luis ganara en un concurso de alcance masivo, sería una humillación monumental para toda la familia.
Y, de paso, también sería un golpe fulminante para el ego de Valeria.
A Alba le resultaba fascinante la idea: arrebatarles a un talento que siempre menospreciaron para luego aplastarlos usándolo a él como arma principal. Sería el castigo perfecto.
Alba estaba decidida a ser una líder comprensiva. Quería escuchar las ideas y opiniones de su equipo, alejándose por completo de las actitudes tiránicas.
—Con que nos haya dado esta oportunidad ya nos damos por bien servidos, el único detalle es... —Lucas frunció el ceño con cierta incomodidad—.
—El detalle es que nuestros contratos siguen atados al Grupo Moreno. No podemos dar el salto hasta no haber rescindido oficialmente.
—Por eso ni se estresen. Si todos están de acuerdo con los términos, dejaré que Tamara Saldaña se encargue de todo el trámite legal para liberarlos.
Para Alba, lograr las rescisiones era apenas un trámite menor.
—Pero la penalización por incumplimiento de contrato...
—Tampoco se preocupen por el dinero de la multa, yo lo voy a cubrir. Lo único que quiero es que enfoquen todas sus energías en su trabajo y en demostrar su inmenso talento.
—Eso sí, mi regla de oro es muy sencilla: no contrato a alguien en quien no confío, y si confío, los apoyo ciegamente. A cambio, lo único que exijo es lealtad absoluta.

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