Valeria llevaba encima, en efecto, un inhibidor de señales. Lo había traído justo para cuando intentara deshacerse de Valentina Navarro.
Así, esa mujer no podría seguir rondando a Mateo.
Ese era uno de los dos propósitos más importantes en su fiesta de cumpleaños de hoy.
De todos modos, si algo salía mal, su propia madre estaba ahí para cubrirle las espaldas. Por eso Valeria actuaba con total impunidad.
Confiaba plenamente en las influencias de su madre.
¡Lástima que la maldita de Alba lo había arruinado todo otra vez!
¡Cómo no iba a odiarla!
Ahora el asunto se había salido de proporción. Incluso empezaba a arrepentirse de no haber grabado ella misma a Alba golpeando a esos tipos.
Si lo hubiera hecho, se habrían ahorrado todos estos problemas.
Pero ahora no se atrevía a decir ni una palabra, por miedo a que Alba pusiera los ojos en ella y empezara a sospechar.
Si a esa mosquita muerta se le ocurría abrir la boca y pedir que la revisaran, no tendría forma de justificarse.
—Ustedes, de verdad, ¿no vieron a la señorita Moreno ni a la señorita Orozco golpear a alguien? —preguntó el oficial Vargas, haciendo su ronda de rutina con los presentes—. Será mejor que digan la verdad, porque si se descubre que encubren a un sospechoso, eso también es un delito.
—No, no vimos nada.
—Solo vimos a estos tres hombres acercarse con las caras hinchadas a golpes.
—Exacto, les juro que no vimos a la señorita Orozc oni a señorita Moreno levantar un dedo.
Esta última frase la dijo Valentina.
Era reconocida en el círculo social como la dama más refinada, educada y de gran cultura. Nadie dudaría de su palabra.
Al responder con tanta seriedad, todos empezaron a pensar que esos hombres se habían peleado por su cuenta y solo querían echarle la culpa a alguien más para sacar provecho.
Hasta Norma y Sara empezaron a dudar. Pensándolo bien, que unos hombres fornidos recibieran una paliza de dos mujeres jóvenes sonaba bastante ilógico.
Además de Valentina, también estaba presente el señor Góngora y sus socios.
Personajes de esa talla jamás mentirían, ¿verdad?


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