Lo que no se dio cuenta era que, aunque Mateo e Isaac estaban hirviendo de ira, ambos notaron cómo se aferraba al brazo de Patricio con esa actitud provocadora hacia Alba.
Sobre todo Mateo, el más astuto y observador de los hermanos.
Miró a Valeria y no pudo evitar que una sombra de duda cruzara por su mente.
¿Desde cuándo Valeria era tan amiga de Patricio, al punto de colgarse de su brazo con tanta familiaridad?
—¿Tienen problemas de visión o no entienden cuando hablo? Acabo de decirles que nosotras no golpeamos a nadie. Si no me creen, ¿por qué no revisan las cámaras de seguridad?
Alba se encogió de hombros, mostrándose completamente segura de sí misma.
Fernanda comprendió de inmediato sus intenciones y la apoyó sin dudar:
—Yo tampoco le puse una mano encima a Isaac. Estábamos aquí charlando tranquilamente. ¡A saber quién los golpeó y ahora quieren echarnos la culpa!
—Cierto. Con la forma en la que se comportan, seguro ofendieron a alguien, y como no pudieron defenderse, vienen a culpar a las mujeres. ¡Qué sinvergüenzas!
Tamara, que también era bastante astuta, se unió rápidamente al juego.
Así, las tres mujeres se volvieron intocables. ¡Habían golpeado a esos hombres a la vista de todos y se negaban a aceptar la culpa!
Ni qué decir de Isaac y Patricio, quienes estaban rojos de la rabia y echando humo por las orejas.
Incluso Mateo, quien solía ser el más estoico y reservado, sentía que iba a estallar en cualquier momento por toda la ira reprimida.
—¡Perfecto, entonces revisaremos las cámaras! ¡Que las revisen ahora mismo!
—¡Y el Oficial Vargas está en la fiesta! ¡Llámenlo para que se encargue de esto de una vez por todas!
Sara y Norma, consumidas por la furia, estaban más que dispuestas a arruinar públicamente a la chica.
La situación se convirtió en un escándalo mayúsculo.
Lo que había empezado como una pequeña discusión entre unos cuantos, ahora había atraído a decenas de invitados curiosos.
Mientras el personal de seguridad corría a revisar las grabaciones, la multitud susurraba por lo bajo, y hasta el Oficial Vargas tuvo que salir corriendo para atender la situación.
Tamara volvió a seguirle el juego:
—Así es, sus enemigos los apalean y vienen corriendo a echarles la culpa a unas pobres mujeres. ¡Qué inútiles!
—¡Tú! —A pesar de la furia que lo consumía, Isaac logró conservar la calma y miró al oficial con seriedad—. Oficial Vargas, que las cámaras hayan fallado es muy sospechoso. Le exijo que investigue esto a fondo.
—Por supuesto, se lo aseguro. Después revisaré todo con detalle —respondió el Oficial Vargas, fingiendo estar muy comprometido con el asunto.
Aunque, claro, si llegaba a investigar algo o no, era otra historia.
Al final del día era solo un altercado sin importancia. ¿Acaso creían que la policía no tenía nada mejor que hacer que armar un escuadrón especial para resolver peleítas de niños ricos?
Y en el caso de que resultara ser cierto, ¿qué ganarían? ¿De verdad querían que se hiciera público que unas mujeres los habían agarrado a golpes?
El Oficial Vargas no podía evitar sentir un profundo desprecio por esos hombres.
Mientras tanto, Valeria estaba tan aterrorizada que ni siquiera se atrevía a respirar fuerte.

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