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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 248

Y ahora, de golpe, habían terminado en esta situación. ¡Patricio estaba aterrado!

Su miedo no venía de haberse acostado con la mujer equivocada, ¡sino de que alguien se enterara y el chisme llegara a oídos de Alba!

Estaban en el territorio de la familia Moreno, si alguien descubría que se habían acostado, sería imposible ocultárselo a Alba.

Aunque Valeria era una buena chica y la consentida de su familia, ahora, al ver las cosas con claridad, se daba cuenta de que Alba la superaba por completo, tanto en belleza como en elegancia. Además, su éxito profesional era tan deslumbrante que cegaba a cualquiera.

Sumando a eso el treinta por ciento de las acciones de la familia Moreno que Alba tenía a su nombre, Patricio sentía que no había ni un solo motivo lógico para elegir a Valeria.

Su madre tenía toda la razón: a la hora de buscar una esposa, debía elegir a una mujer como Alba, alguien capaz y de familia prestigiosa que lo respaldara en todo.

Por eso, Patricio saltó de la cama, empezó a vestirse a toda prisa y apresuró a Valeria para que hiciera lo mismo.

Cualquier cosa que tuvieran que hablar, la discutirían en privado después de que la fiesta terminara. ¡Nadie más podía enterarse de esto!

Pero a veces, lo que más temes es lo que termina sucediendo.

Justo cuando se estaba vistiendo, la puerta se abrió de golpe.

Y, acto seguido, un grupo de personas irrumpió en la habitación.

—Patricio, ¿cómo estás? Hace un rato te vi muy mal y quise venir a revisarte.

Norma fue la primera en entrar apresuradamente, liderando al grupo de los Moreno.

Llevaba la llave de repuesto consigo, todo para poder realizar este allanamiento sorpresa en el momento perfecto.

Después de soltar sus líneas, dirigió la mirada de inmediato hacia la persona que estaba recostada en la cama, cubriéndose el rostro con las cobijas.

Como no veía con claridad, Norma asumió que era Alba y fingió sorpresa y horror:

—¡Dios mío, Patricio! ¿Quién es la chica en la cama? Ustedes... ¿qué están haciendo?

—¡Mamá, no hay nadie! ¡Estás viendo mal!

En ese instante, por primera vez en su vida, Patricio sintió unas ganas inmensas de patear a su propia madre fuera de la habitación.

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