Una mujer como Valeria jamás se quedaría de brazos cruzados, conformándose con vivir como una princesa mantenida en casa.
Incluso si ella quisiera hacerlo, la madre que tenía detrás jamás le permitiría quedarse sin hacer nada.
Por lo tanto, Alba dedujo de inmediato que el próximo objetivo de Valeria sería, sin duda, el Grupo Moreno.
Y qué casualidad, porque a ella le encantaba aplastar a esa clase de escoria, y no le molestaría en absoluto patearla fuera de la empresa con sus propias manos.
Quería ver qué pasaba cuando Valeria se quedara sin salidas. ¿Acaso la persona detrás de ella perdería la paciencia y revelaría por fin sus verdaderas intenciones?
Alba estaba convencida de que, si esa mujer tenía conexiones con el Sindicato de Boticarios y vínculos con esa gente de los laboratorios secretos...
Su objetivo definitivamente no era simplemente convertirse en la esposa legítima y reemplazar a Sara.
Probablemente escondía una conspiración mucho más grande. Tal vez su meta era apoderarse del Grupo Moreno y usar todos los recursos e influencia de la corporación para cumplir con una agenda inconfesable.
Por ahora, esa mujer actuaba con extremo cuidado, y parecía que alguien más poderoso le cubría las espaldas, lo que hacía imposible descubrir su identidad y propósito de inmediato.
Mientras más lo pensaba, más sentía Alba que la situación era delicada. No podía permitir que la gente detrás de Valeria causara estragos en el Grupo Moreno.
Si Valeria lograba entrar, haría todo lo posible por infiltrar a su propia gente y sabotear las operaciones de la empresa.
Sin lugar a dudas, usaría a sus idiotas hermanos para devorar poco a poco los intereses del corporativo.
Alba no estaba segura de si Eduardo era igual de estúpido y se dejaba manipular por ese par de mujeres.
Pero no les daría la oportunidad de averiguarlo.
—A Valeria no le será tan fácil entrar al corporativo. Hoy en día, tanto los accionistas como los altos directivos no la soportan. Incluso si el director Moreno la impone, nadie la va a respetar.
Iván entendió de inmediato hacia dónde iban los pensamientos de la joven, así que se apresuró a tranquilizarla con firmeza.
Él sabía cuánto odiaba ella a Valeria. Siempre habían sido como el agua y el aceite.

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