Katherine, miraba los ojos azul zafiro de su exesposo, quien parecía divertirse a costa suya. ¿Qué era lo que Henry Bennett estaba pensando?, ¿Por qué simplemente no se enfurecía de su éxito como si lo habían hecho su madre y Sofía?
— Pareces muy relajado bailando con quien te prometió que te arrepentirías un día. — dijo Katherine con seriedad, mientras el second waltz estaba sonando.
Tomando con firmeza a su exesposa por la cintura, Henry dibujó en su rostro una sonrisa ladina.
— Puedes prometerme el infierno, si así lo deseas, pero eso no cambiará nada de lo que una vez sentiste por mí. — respondió Henry.
Katherine apenas podía creer el cinismo mostrado por su exmarido; Henry Bennett siempre había sido de cierto modo muy arrogante porque así se lo permitía su muy acomodada posición…pero ahora, aquel rasgo que alguna vez había amado de él, lograba enfurecerla.
— No soy la misma mujer a la que permitiste que humillaran aquel día, puedo y tengo el poder para destruirte, así que será mejor para ti el no jugar conmigo, porque yo no estoy jugando. ¿Quieres un infierno?, pues eso mismo es lo que yo te prometo, un infierno del que no vas a poder escapar, y tú y todos aquellos que se burlaron de mí y me humillaron sin piedad, pagarán el precio de lo que me hicieron…no cometas el error de creer que yo aun siento algo por ti, porque aquel amor que sentí un día, quedo enterrado en el mismo momento en que dudaste de mí; murió en el momento en que permitiste que tu madre y Sofía me maltrataran como lo hicieron…lo único que siento por ti, Henry Bennett, es odio. — respondió Katherine con fiereza.
Un escalofrío recorrió a Henry en ese momento, al notar aquel rencor que destellaba fuego, en los ojos de su exesposa.
— Eso es lo que dices, pero tu engañaste, vi aquellas imágenes, vi como parecías disfrutar en los brazos de ese hombre y ahora vienes a decirme esto cuando prometiste amarme por siempre, y ahora sostienes la mano de otro hombre y tuviste a los hijos que me prometiste con el…soy yo quien te promete el infierno, Katherine, porque una vez creí en ti, creí que serias diferente a todas las demás…pero me traicionaste. — respondió Henry.
— Es increíble…sigues creyendo que lo que te dijo y te mostró esa mujer, es verdad…no voy a demostrar mi inocencia; no voy a perder el tiempo ni voy a llorar para que me creas como lo hice aquel día…me da igual que pienses que soy una zorra, sé que no lo soy, sé que no te engañe y eso es suficiente, es problema tuyo lo que pienses de mí, pero no pienses ni por un momento que tarde o temprano lo que creíste de mí no va a alcanzarte…te sorprenderías de saber lo imbécil que realmente eres, tan manipulable por Sofía y tu madre…me das lastima. — respondió Katherine tajante.
Henry sintió como una mezcla entre ira y admiración, brotaban de él y directamente iban hacia Katherine. Aquella mujer ya no era la misma que, llorosa, le suplicó aquel día que creyera en ella; la mujer que tenía delante era fiera, decidida…y candente.
— Si yo descubro que Sofía y mi madre me mintieron sobre ti, entonces seré yo mismo quien las haga pagar, y pasaré el resto de mi vida suplicándote de rodillas perdón…pero si tú en realidad me traicionaste, no habrá lugar al que puedas escapar para esconderte de mí…porque el resto de tu vida te haré pagar por tu traición. — respondió Henry bastante audaz.
— Entonces, Henry Bennett, compra las rodilleras más caras que existan…porque vas a pasaré el resto de tu vida suplicándome, y yo tan solo voy a burlarme. — aseguró Katherine.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.