Aquella melodía se había por fin terminado, y Henry, vio como Katherine escapaba de él, cómo se le había escapado de sus manos hacía ya siete años atrás. La hermosa rubia se había alejado para reunirse de nuevo con aquel hombre que lo miraba a cambio desafiante. El magnate de cabellos castaños le sostuvo la mirada a Jackson Williams de vuelta, y tomando una copa de champagne de uno de los meseros, hizo un brindis hacia el hombre.
No podía evitarlo, Henry lo supo, pero la rabia que sentía en ese momento, le quemaba el estómago y la garganta…pero no haría una escena. No todavía. Jackson, tomaba a Katherine de la cintura y caminaba junto a ella para saludar a algunas otras personas; aquella mujer, su ex esposa, ni siquiera lo había mirado una vez que el second waltz había terminado, y se sentía herido por ello. Dando un sorbo a su elegante copa de cristal, el apuesto magnate quiso que aquella fría indiferencia de Katherine no le afectara…pero lo hacía irremediablemente.
—No puedo creer esto, he tirado ese bolso, no lo quiero más, es tan humillante descubrir que todo este tiempo estuve usando una prenda diseñada por esa infeliz muerta de hambre…vámonos de aquí hijo, no tolero respirar el mismo aire que esa pordiosera, es inconcebible que Katherine Holmes sea la diseñadora detrás de Divane, ¿Cómo pudo la princesa Kate de Inglaterra usar diseños de una mendiga sin familia prominente?, esto es un ultraje, ¡Un escándalo!, quiero salir de aquí en este momento. — exigió Antonella que llegaba al lado de su hijo después de dar vueltas en su propia rabia.
Henry soltó una risa irónica ante las palabras de su madre.
—¿En verdad te has desecho del bolso que tanto presumías solo porque lo diseñó Katherine?, no seas tan dramática, madre, Katherine tiene talento, por eso es que ha llegado hasta aquí, y al menos a mí me ha dejado sin palabras, si quieres irte, vete a tu casa tu sola, le pediré a mi chofer que te lleve, yo puedo pedir un maldito taxi. — respondió Henry.
Antonella vio a su hijo con una expresión cargada de incredulidad y enojo. Sin duda alguna, su hijo mayor, el heredero de todos los bienes de su fallecido esposo y el hombre más importante de New York, seguía bebiendo de la palma de aquella miserable mujer de baja alcurnia que tan solo había traído desgracias a su prestigiosa familia.
—¿Cómo osas decir algo así?, esa mujer te engaño en tu propia cama, se acostó con otro hombre y se burló de ti y de todos, y aun así sigues defendiéndola. Esto es intolerable, y yo veré que todas mis amigas sepan la clase de serpiente que esa miserable mujer es para que ninguna de ellas vuelva a comprar nada de Divane…me siento tan avergonzada y humillada por esto, que haré que pague. Sigue siendo un tonto, hijo mío, si así lo deseas, pero yo me largo de aquí, no soporto ver a esa mujerzuela codeándose con personas tan finas y pudientes. — respondió la enfurecida mujer, dejando a su hijo bebiendo solo.
Henry giró los ojos. Su madre tenía esa tendencia a hacer un drama en una copa de agua clara. Por esa noche, la dejaría marchar, pero no le permitiría dañar el nombre de su ex esposa…después de todo, aquel logro tan grande, era solo de Katherine, y al menos él podía reconocerle eso...aun y cuando ella lo odiaba.
—Señor Bennett, un gusto verlo por aquí. — saludo repentinamente un hombre un poco regordete y de rostro amable, sus cabellos, eran canos.
—Gobernador Jones, que gusto verlo de nuevo. — saludó Henry.
El viejo gobernador Henry Jones, miró hacia Katherine quien charlaba con otras personas.
—La señora Holmes es una buena amiga de mi hija, ambas se conocieron en Londres. Ella, ayudo a mi Martha con algunos asuntos personales allá…con esto, quiero decirle que la señora Katherine tiene mi apoyo y mi respaldo. Vi como su madre, hablaba despectivamente de la dama con otras personas, y no es mi intención inmiscuirme en asuntos viejos de usted y su familia, pero no me gustaría que una eventualidad como la del aeropuerto, se repitiera. Se que la señora Katherine es su exesposa, pero ella ahora es una mujer libre, y sus pequeños hijos son un amor, muy parecidos a usted, así que le pido encarecidamente que no le cause ningún problema, ella es una buena mujer. Que tenga usted, muy buena noche. — dijo el gobernador para luego retirarse sin decir nada más ni esperar respuesta alguna de Henry.
El apuesto magnate de cabellos castaños se quedó helado. Aquella frase dicha por el gobernador, comenzó a resonarle en la mente una y otra vez.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.