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¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos. romance Capítulo 14

Jackson, había dejado a Katherine en su casa, sin embargo, la hermosa rubia se había encontrado con algo inesperado. Aquello era un desastre. Meditó Katherine al mirar la tubería expuesta en el baño de sus hijos.

—Tenemos que buscar un lugar en donde permanecer mientras tanto, pues el plomero y el señor que maneja este edificio, me aseguraron que podrían tardar por lo menos cuatro semanas en terminar los trabajos y dejar todo como antes. — decía María con seriedad.

Katherine se apretó con las yemas de sus dedos el puente de la nariz. Aquel era un problema serio con el que se había encontrado apenas llegando de su lujosa fiesta de presentación, y no tenía humor para lidiar con ello después de soportar a Henry Russel todo el rato. Ya había hablado con el dueño del edificio, y no tenían ningún otro departamento libre, ni siquiera los más económicos.

—Bien…esto, es un desastre, pero Gabriel y Emma aseguran no saber nada, ¿No es así? — dijo Katherine dando una mirada de soslayo a sus traviesos gemelos.

María trago duro. — Estoy segura de que los niños no tuvieron nada que ver, quizás hubo un problema que no detectaron a tiempo antes de su remodelación, no los regañe hasta saber exactamente qué fue lo que ocurrió, se lo pido, señora. — dijo la dulce nana.

Gabriel y Emma sonrieron inocentes; por supuesto que tenían todo que ver con el incidente, pero había sido un mal necesario, reflexionaron ambos en silencio.

Katherine resopló.

—Muy bien, no lo haré hasta saber que son culpables, sin embargo, ahora tengo que ocuparme de este problema y de una nueva e improvisada mudanza en pleno New York, ¡No tengo idea de donde buscar un buen lugar y con la tienda física de Divane a solo unos días de abrirse! — dijo la rubia algo exasperada.

Los gemelos sonrieron con complicidad entre ellos. Habían planeado aquello cuidadosamente durante la noche.

—Mamita, sabemos que ibas a enojarte y que tienes mucho trabajo…como siempre. — dijo Gabriel acercándose con un iPad en sus manitas.

—Por eso mi hermano y yo quisimos ayudarte poquito, y vimos esto en internet. Dicen que este edificio es muy lindo y tiene piscina techada con agua calientita, y también un jardín muy grande y lleno de flores en su último piso…queremos vivir allí. — dijo Emma secundando a su hermano.

Katherine sintió que un dolor de cabeza le llegaba repentinamente, y dando un vistazo al lugar que le pedían sus hijos, admitió que no se veía para nada mal.

—De acuerdo, admitiré que es muy lindo, pero no sé si hay departamentos en renta que cumplan con nuestras necesidades, además…

—¡Por favor!, mamita, ¡Por favor!, queremos vivir allí, solo allí. — dijeron y suplicaron al unisonó los hermosos gemelos, poniéndole a su madre ojos de borrego.

María se sorprendió de la insistencia de los niños, y Katherine se sintió abrumada por la insistencia…jamás les decía que no.

En el departamento de Katherine, la rubia terminaba su llamada. Apenas podía creer la buena suerte que sus hijos tenían; era como si ellos hubiesen nacido con una estrella propia.

—Bien, niños, tienen una suerte increíble, hable con el dueño del edificio que me mostraron, y me ha dicho que justo hace unos días desocupo uno de sus pent-houses…así que, ya, lo veré hoy más tarde para cerrar el trato, y si todo sale bien nos mudamos esta misma noche, así que más vale que tengan todo listo. — dijo Katherine entrando a la habitación de sus pequeños.

Gabriel y Emma no pudieron contener aquella emoción que sentían, y abrazándose, ambos comenzaron a saltar sobre una de las camas.

—¡Si lo logramos!, ¡Si!, ¡Si! — gritaron al unisonó con una dicha y alegría indescriptible, que lograron conmover a su madre.

María, sin embargo, nuevamente se preguntaba que estaban planeando los gemelos, pues aquel entusiasmo que mostraban era tal, que nunca antes los había visto tan dichosos…ni siquiera cuando eran bebés.

Cuando Katherine se fue, y María se ocupó con la nueva mudanza, los hermosos gemelos sonrieron mirando aquella foto escondida que guardaban como un tesoro.

—La operación recuperar a papito, ya dio comienzo. — dijeron ambos aferrándose a aquella fotografía que los llenaba de esperanza.

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