Eran las doce del mediodía en el elegante edificio Bennett Corp., Henry se había perfumado, se había puesto su mejor traje, y se había peinado como lo hacía antaño cuando aún era el fiel esposo de Katherine Holmes.
En aquella junta que con sus inversionistas y los socios de la cadena de hospitales había tenido, había sido terminante. Él no estaba desempeñando un buen trabajo al frente de la compañía, y la incursión de aquel lugar del que Katherine era dueña los había puesto en una mala posición; habían perdido clientes importantes, y los inversionistas comenzaban a inclinarse con el nuevo lugar que ofrecía nuevas oportunidades y más recientes.
Mirándose en el espejo, Henry se sintió como un hombre atractivo una vez más, y no como el ebrio descuidado y maltrecho que había sido desde que había dejado a la mujer que realmente amaba. Esa tarde la vería, volvería a ver a su amada Katherine, pues se había concretado una junta con ella y su nuevo CEO, y su tío había armado una propuesta para comprarle a la mujer su lugar y que dejara de ser su competencia más directa.
De John no había sabido nada más, pues su hermano, repentinamente, había presentado su renuncia y no lo había vuelto a ver. Frunciendo el entrecejo, apretó inconscientemente su corbata, al recordar aquella imagen de Katherine tomada de la mano con su hermano menor. Los celos, nuevamente afloraban en él, pues estaba seguro de que ella había sido la razón detrás de la inesperada renuncia de John.
—Entonces, vas a verla…quizás, no deberías de hacerte mucha ilusión Henry, ayer pasé a saludarla, es mi enemiga después de todo, y vi como John llegaba a su oficina con un ramo de rosas, creo que es obvio que ellos no dejaron de estar juntos después de lo que te hicieron. — dijo Emily venenosamente, que repentinamente entraba en la oficina de su ex prometido después de aquella junta a la que asistió junto a su padre.
Henry ignoro a su ex prometida; Emily había sido la mujer que lo había ayudado con su depresión inicial, y quizás, no se había portado correctamente con ella, pero no la amaba, a pesar de que ella siempre intentaba ayudarlo, él no había logrado amarla, pues su corazón siempre seria para Katherine. Por supuesto, sabía que John y Katherine se traían algo juntos, pero se negaba a admitir que ellos…eran una pareja establecida.
—Eso es asunto mío Emily, tú no eres nadie para decirme nada, en realidad, nunca hemos sido nada y lo sabes perfectamente, tu único deber es permanecer siendo hermosa y apoyar a tu padre con sus decisiones en silencio…Katherine no es asunto tuyo. — respondió Henry dejando un beso en la mejilla de Emily y luego la pasó de largo.
Emily se sintió furiosa, avergonzada y humillada. Katherine, siempre Katherine, ella tenía su merced a los dos apuestos y millonarios hermanos.
En Divane, Katherine revisaba sus documentos del día.
—Señora Holmes, nos ha llegado una solicitud extraña para reunirse con el CEO Henry Bennett, al parecer, buscan llegar a algunos acuerdos con usted…
La mañana comenzaba agitada, como eran casi cada uno de sus días. Katherine había dejado a sus hijos a cargo de la niñera una vez más, había mucho que hacer en el lugar, más aún aquella mañana en que le había sido solicitada una reunión inesperada nada más y nada menos que con los líderes Bennett.
John estaba presente, miraba a Katherine tratando con la seriedad de un verdadero profesional a sus clientes. No podía evitar pensar en ello, y creía firmemente que de no haber sufrido cruelmente la traición de su hermano, ella quizás jamás habría explorado el inmenso potencial que poseía. Era una mujer simplemente imponente, fuerte e inteligente, se habría desperdiciado siendo la siempre esposa de Henry quien la mantenía como una muñeca dentro de una casa de ensueño.
—Gracias señora Holmes, haremos lo que nos ha indicado — dijo la asistente que se retiraba de la sala de juntas en donde Katherine y John estaban ya esperando.
Katherine había suspirado; el bienestar económico de muchos potenciales clientes que habían dejado a Bennett Corp, era una prioridad, y, sin embargo, muchos de ellos afirmaban haber hecho una mala inversión con ellos. La familia de uno de los nuevos clientes, un anciano, le había agradecido encarecidamente por la mañana cuando ella recién llegaba al lugar, en las palabras de aquellas agradecidas personas, se estaban ahorrando una cantidad importante de dinero y su pariente estaba teniendo una significante mejoría en su estado de ánimo. Aquello le parecía simplemente extraño.
—Eres muy talentosa Katherine, creo que tu esquema de trabajo fue el acertado, definitivamente tienes mucha más madera de CEO que mi hermano, incluso que mi padre que descanse en paz. Si me permites decirlo, pienso que lo que el imbécil de mi hermano nos hizo, fue lo mejor para ti, has logrado muchas cosas por ti misma, eres admirable. — dijo John con sinceridad, sacando a Katherine de sus pensamientos.
Katherine no dijo nada. Sinceramente ella se había resignado a una vida de esposa y de madre junto a Henry toda su vida, y aun cuando ella había dejado su carrera inconclusa para casarse, nunca había pensado que aquello era malo o que estaba dejando sus propios sueños atrás para ser la esposa del hombre del que se había genuinamente enamorado. ¿De verdad había sido lo mejor para ella? Jamás lo sabría, tan solo aun sentía el dolor de aquella traición, y los hijos que tenía serian el eterno recordatorio de su amor por él, aunque en ese momento aun sentía amarlo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.