Katherine observaba su teléfono. Había bloqueado sin dudarlo el número de Henry, pero algo de aquello no la hacía sentir tranquila. ¿Quién le había entregado su número privado sin pensar en lo furiosa que estaría ella?, ni siquiera a John le había dado aquel número, y aquella inquietud no la dejaba tranquila. Dando un nuevo vistazo a su celular personal, la rubia también se sintió mortificada pues no había recibido el mensaje de siempre que María le enviaba cuando regresaba del colegio junto a sus hijos.
Marcando el número de María, la vieja nana nuevamente no le había respondido, y aquel mal presentimiento dentro de su corazón seguía dejándola con aquella inquietud que la mantenía intranquila. ¿Había ocurrido algo?, se preguntó. En ese momento, un par de golpes en la puerta de su oficina la sacaron de su estupor, y dando la indicación para entrar a quien interrumpía sus pensamientos, vio a su gerente Neville con un rostro demasiado serio.
—Katherine, te buscan un par de hombres, dicen venir de parte de Henry Bennett…traen noticias sobre una tal María. — dijo Neville con seriedad extrema, siendo el de las pocas personas que conocía el secreto de Katherine y así lo había mantenido. Aquello no podía ser nada bueno.
El corazón de Katherine casi se detuvo de golpe, y un sudor frio comenzó a brotarle de la frente, perlando su blanca piel. ¿Cómo es que Henry sabia de María?, ¿Qué había ocurrido?, se cuestionó con nerviosismo.
—Hazlos entrar, por favor. — ordenó la rubia.
En un instante, los hombres de Henry entraron, explicándole a Katherine toda la situación con su vieja nana…y sus pequeños. Una terrible taquicardia le había dado comienzo, en cuanto supo aquello…María estaba grave en el hospital, y sus hijos, con Henry. Tomando rápidamente su abrigo, Katherine salió a toda prisa.
¿Cómo pudo pasar aquello? Se preguntó la rubia, sintiendo su corazón atorarse en su garganta.
En su departamento, Henry nuevamente había reemplazado todas sus cerraduras, y había despedido a cada sirviente que había mantenido hasta ese momento en ese lugar. La situación había cambiado; ahora que sabía a plenitud que era el padre de los dos hermosos pequeños a los que miraba dormir tan plácidamente. Su madre y Emily podían irse al infierno, no iba a casarse con aquella mujer ni obedecer a su madre. Su única meta en ese momento era recuperar lo que era suyo.
En ese momento, una llamada entraba en su celular, y mirando la pantalla, Henry sonrió complacido al mirar que aquella que lo llamaba, no era nadie más que Katherine Holmes, su exesposa; la rubia mujer ya debía de estar enterada de todo lo que había pasado.
—Devuélveme a mis hijos Henry, voy por ellos a tu hogar ahora mismo. Jamás creí que tu estarías viviendo en el mismo edificio que yo, pero ese error, voy a solucionarlo. — dijo Katherine al otro lado de la línea con agresividad.
Henry sonrió para sí mismo, por supuesto, no esperaba una reacción amable de su parte.
—Se dice gracias, Henry por ayudar a mi pobre niñera y mantener a salvo a mis hijos. Pero ambos sabemos que no lo dirás, así como sabes que no te pondré las cosas tan fáciles. Ven a mi departamento, tenemos que hablar. — respondió Henry con seriedad siendo esta vez quien cortaba aquella llamada.
Katherine apretó sus puños sobre el volante de su lujoso auto. Por primera vez en demasiado tiempo, sintió miedo, un miedo real. Conduciendo con rapidez hacia su edificio, más pronto que tarde, se encontró allí, y subiendo rápido por los elevadores, la rubia sintió como si el peso del mundo entero se le desmoronara encima. Tocando con insistencia el timbre, rápidamente escucho los pasos de su exesposo al otro lado de la puerta, y sintiendo su mente nublada en ese momento, Katherine tan solo quería recuperar a sus hijos.
Una vez que Henry Bennett le abrió, ambos se miraron fijamente durante un instante.
—Bien, terminemos con esto Henry, no tengo toda la noche. — dijo Katherine quien se hallaba vestida con un elegante y costoso abrigo, mientras miraba a Henry desafiante.
Henry miro la figura de su exmujer; aquella no era la imagen de la mujer dulce y sumisa que una vez conoció, era más bien la de una diva empoderada que no tenía miedo de mirarle directamente a los ojos. Rodeada de aquella aura agresiva, Henry admiró la belleza de Katherine una vez más, y luego, adopto una postura seria.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.