Aquella mañana, Emily Gibson había salido temprano para recorrer las tiendas, y admirar los hermosos vestidos de novia de los escaparates de las tiendas más exclusivas. Pronto, sería la nueva esposa del magnate multimillonario Henry Bennett, y nada ni nadie iba a impedírselo.
—Bienvenida señorita Gibson, ¿Gusta que le mostremos los mejores vestidos? — ofrecía una dependienta amablemente.
Emily sonrío, y mirando atentamente los vestidos de mayor precio, señaló el que le pareció más hermoso.
—Si, quiero empezar con ese, me casaré muy pronto y quiero que mi vestido sea el mejor, uno del que hablen lo que resta del año y todo el siguiente, nadie debe de opacarme ese día, ¿Entiendes? — exigió Emily con autoridad.
La dependienta asintió.
—Como desee señorita, venga conmigo, la llevaré a la sección más exclusiva de la tienda, le aseguro que allí encontrara el vestido soñado. — respondió la dependienta.
En el hospital de la Luz, María despertaba de su estado de inconciencia, y aun sentía su pecho demasiado pesado. Abriendo los ojos, la vieja nana se encontraba con la mirada de Katherine Holmes, que la miraba con seriedad.
—Señora Holmes, ¿Qué me pasó, no recuerdo mucho?, ¿Los niños están bien?, perdóneme, no quise causarle un problema, por favor, perdóneme. — suplicó la vieja nana.
Katherine, con lágrimas en los ojos, negó.
—Tú no tienes nada de que disculparme, María, te pido demasiado todo el tiempo, y sé que Gabriel y Emma pueden ser demasiado demandantes…lamento mucho que te haya pasado debido a la presión, te prometo que vamos a cuidarte…nos dijeron que tienen un problema cardiaco, te estarán haciendo estudios para determinar exactamente qué es lo que tienes, y por Gabriel y Emma no te preocupes, los niños están bien. Ahora mismo están comprando en las máquinas expendedoras. — respondió Katherine tomando la mano de la vieja nana.
María se sintió aliviada de saber que los pequeños gemelos se encontraban a salvo a pesar de su desmayo, pero no pudo evitar cuestionarse quien de los sirvientes los estaban acompañando, sabiendo bien lo muy difíciles que podrían llegar a ser los gemelos.
—Perdone señora, pero ¿quién está cuidando a Gabriel y Emma?, quizás yo debería ir con los niños, ya me encuentro mejor… — aseguró la preocupada niñera.
Katherine negó.
—Tu debes de descansar querida María, los niños están bien ahora mismo, en realidad, hay algo muy importante que tengo que decirte, veras, los niños justo ahora están…
—¡Nanita despertó! — gritó Gabriel completamente emocionado cuando entró en la habitación junto a Emma.
Tomando a Gabriel y Emma, Henry los miró a ambos con un amor sin igual.
—Vamos, los llevaré a comer algo si su mamá les da permiso, deben dejar descansar a su nanita para que pueda recuperarse. — dijo Henry dando una mirada avergonzada a su exesposa.
—¡Si!, ¡Si!, ¡Si!, ¿Podemos ir a comer hamburguesas con papito, mamita? — cuestionaron Gabriel y Emma al unísono.
Katherine, dando una mirada cargada de desprecio a su exmarido, asintió tan solo por Gabriel y Emma, y cuando los vio salir a los tres juntos, ella tan solo suspiró. Mirando a María, Katherine se sintió derrotada.
—Es una larga historia…una muy vieja y larga historia que no quería recordar…pero supongo, que estas son las consecuencias de las decisiones que he tomado. — dijo Katherine mirando a su confiable niñera.
Fuera del hospital, Emily Gibson había frenado bruscamente su auto. Sus ojos se habían abierto en una expresión de horror, y su boca se había retorcido en una mueca de sorpresa y asco, al mirar a su prometido, Henry Bennett, subiendo a su lujoso auto con dos niños idénticos a él cada uno tomando sus manos.
¿Qué significaba aquello?, ¿Quiénes eran esos niños? Se cuestionó Emily Gibson con horror.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.